Madrid sabe a Canarias: sorpréndete con Gofio, el restaurante de las Islas en La Capital

Madrid está lleno de canarios. Esto es una verdad indiscutible. Y yo, teniendo tantos amigos canarios, nunca me había parado a probar sabores de su tierra. Ojo cuidáo, porque ha sido toda una sorpresa para el paladar. Después de un año de andadura en la capital, Gofio es un restaurante se afianza entre las mejores opciones de la ciudad presentando una atrevida carta que, respetando los sabores de la cocina canaria más tradicional, arriesga cada día a través de elaboraciones únicas y una extraordinaria puesta en escena.

Y cuando decimos extraordinaria, es extraordinaria: antes de sacarnos uno de los platos, nos sacaron un frasco que desprendía un humo que nos recordaba al incienso; se trataba de el corazón del pino canario cuyo olor nos ayudaba a transportarnos a la zona. Y es que muchos restaurantes se olvidan que la experiencia gastronómica no sólo apela al sentido del gusto.

Con una carta que no supera nunca la quincena de platos y que cambia todos los meses en función de los productos de temporada y de la demanda de sus clientes, Gofio ofrece propuestas divertidas, con mucho sabor y gancho, que consiguen sorprender en cada visita a todos los amantes de la gastronomía y la cocina canaria que se acercan a este rincón de la capital con ganas de vivir una experiencia única y descubrir sabores insuperables.

Entre sus platos, algunos de ellos fijos y otros en ocasiones fuera de carta, destacamos:

Menú de Gofio

El roastbeef de txuleta a la brasa con durazno herreño

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La vieira, que a nosotros nos gustó especialmente

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Los chipirones con almogrote de queso feta y papada de ibérico

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Un toque de locura, un trabajo constante por ofrecer sabores originales y con sentido, una materia prima canaria de calidad y mucha dosis de autenticidad y esfuerzo son los ingredientes que ofrece Gofio a sus clientes. ¿Dónde? En la céntrica calle Lope de Vega 9.

Canarias en estado puro.

¿Intolerante a la lactosa? Qué comer y dónde comprar

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La intolerancia a la lactosa es un trastorno que se da en el organismo de algunas personas tras ingerir productos lácteos, como consecuencia de la deficiencia de lactasa, la enzima que digiere la lactosa. El azúcar no absorbido llega al colon, donde es fermentado produciendo gases y, como consecuencia, distensión, cólicos, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento.

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El desarrollo evolutivo del ser humano ha permitido que algunos grupos humanos sigan manteniendo la lactasa. Es más frecuente que esto ocurra entre los caucásicos, frente a otras razas como la asiática o la africana, que presentan una deficiencia primaria de lactasa. Junto a la raza, el factor edad también es clave. A medida que crecemos disminuye la secreción de lactasa en los mamíferos, de ahí que en la infancia toleremos mejor los lácteos. Las personas sin la mutación genética que permite seguir segregando lactasa durante la edad adulta son las que presentan intolerancia.

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¿Eres uno de ellos? La mejor manera de diagnosticar esta intolerancia es haciéndote un test médico.

Pero tranqui, no sufras. Si es tu caso, puedes seguir consumiendo leche, mantequilla o queso, ya que en el mercado hay multitud de productos elaborados sin lactosa. Te hablo de algunas opciones:

En el súper

En cualquier supermercado encuentras diversas opciones. Muchas marcas conocidas de leche tienen su versión sin lactosa. Luego tienes toda la gama de bebidas vegetales para sustituir la leche en tus desayunos (de soja, de avena, de almendras, de arroz…). Mi recomendación siempre será la leche de avena: tomada con café y azúcar casi ni te enteras de que no es leche de vaca.

En cuanto a los yogures y los quesos, no deberían darte tantos problemas puesto que su proceso de fabricación tradicional incluye la fermentación con bacterias, que producen lactasa. Ocurre que algunas marcas comerciales utilizan otros procesos o añaden lactosa en algún proceso. ¿Consejo? Búscalos lo más tradicionales posible.

 

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En ecotiendas o herboristerías

Seguro que en tu ciudad hay algún supermercado ecológico o ecotienda, y fijo que también hay herboristerías. Estos establecimientos te ofrecen las mismas opciones que en el súper con la ventaja de que además son productos ecológicos. Con esto te estás librando de los antibióticos y hormonas que les dan a las vacas en el caso de la leche sin lactosa, y de herbicidas/pesticidas/fertilizantes de las cosechas en las bebidas vegetales. También ofrecen una gama mucho más variada de productos vegetales sustitutivos.

Además los productos ecológicos certificados suelen presentar procesos de elaboración más sencillos y tradicionales, por lo que es fácil que encuentres yogures y quesos más puros.

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Online

Te voy a recomendar una serie de tiendas online donde puedes encontrar productos adecuados para la intolerancia a la lactosa y además ecológicos (ya sabes que en esta sección siempre quiero recomendarte lo mejor de lo mejor):

-Respetarte.es . Aquí encuentras quesos vegetales y tés, infusiones y zumos con los que sustituir la leche en el desayuno.

-Yantar ecotienda. Tienes leches vegetales  y todo un apartado dedicado a las alergias e intolerancias. Te he buscado unos bombones de chocolate sin lactosa, un chocolate blanco, un cacao soluble y una «Nutella» sin lactosa . Para que te des un caprichito.

-Enterbio.es. A destacar sus postres vegetales para sustituir los clásicos postres lácteos. Te he buscado un yogur de vaca sin lactosa, pero también encontrarás yogures de soja con una pinta genial. Natas vegetales para cocinar,  zumos ecológicos y una gran variedad de bebidas vegetales son otras de las opciones que encuentras aquí.

-Planeta Huerto. Bebidas vegetales, y postres.

-Eco-rincón. Toda una sección de alimentos sin lactosa. 

 

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Como ves, no estás solo. Lo que te ocurre es algo tan común y extendido que ya existen mil opciones a tu alcance. Incluso a golpe de click para vagos.

Si llevas media vida lidiando con esta falta de lactasa en tu organismo, te animo a compartir tu experiencia en los comentarios.

Y tú, ¿practicas slowfood? Sí, lo has hecho

practicas slowfood

Con esto de practicar el slowfood ocurre lo mismo que con lo de procrastinar: si le preguntas a alguien si lo practica, al instante te lo negará enérgica y rotundamente. Obviamente, desconociendo su significado y basándose sólo en la sonoridad del palabro: suena a práctica sucia y degenerada ¿o no? «¿Yo procrastinar? Jamás de la vida. Y practicar slowfood menos todavía».

practicas slowfood

Pues te digo que probablemente más de una vez en tu vida has practicado slowfood. Y tranqui, no te avergüences, que es algo bueno. Más deberíamos practicarlo.

Pero ¿qué es slowfood?. Españolizado como ‘esloufud’, ni es la última cajonera de Ikea ni la banda más puntera del Indie-rock nórdico. Slowfood significa literalmente ‘comida lenta’ y en torno a ello surgió en los años 90 todo un movimiento internacional que se opone al ‘fast-food’ y que aboga por una gastronomía consciente.

[Tweet «Españolizado como ‘esloufud’, ni es la última cajonera de Ikea ni la banda más puntera del Indie-rock nórdico.»]

Resumiendo mucho, ‘slowfood’ busca recuperar el placer tranquilo de saborear y apreciar los alimentos en la mesa, de cocinar y consumir con consciencia acudiendo a ingredientes locales y ecológicos; en definitiva, de combatir la vida apresurada de nuestro tiempo, que nos obliga a nutrirnos con ‘fast-food’.

practicas slowfood

Que no seas un acérrimo seguidor de este movimiento no quiere decir que no lo hayas practicado alguna vez en la vida. Más de las que piensas. Y aquí tengo las pruebas.

6 situaciones en las que has practicado slowfood:

Cuando de pequeño tardabas hora y media en acabarte el primer plato. Que parecía que ingerías los granos de arroz uno a uno. Tu madre te amenazaba con guardártelo para merendar, llegabas tarde al cole y tus primos te odiaban por tener que esperar a que acabaras para ir a compraros el helado. Ignorantes, estabas practicando slowfood.

practicas slowfood

Cuando tocaba acelgas. Te crecían en el plato. Se enfriaban en el plato. Y de nuevo tu madre atacaba con guardártelas para merendar. Estabas practicando slowfood.

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Cada vez que estiras el bocadillo de jamón ibérico/volcán de chocolate/maki de sushi porque no quieres que se acabe nunca. Te propones saborear hasta el nirvana esos últimos instantes de placer que se desvanecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Slowfood de manual, amigo.

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Cuando, en las cenas de amigos, tras devorar con ansia las raciones compartidas de bravas, puntillas, sepia a la plancha, calamares a la romana, tabla de ibéricos y la mitad de tu Hamburguesa Especial, aminoras sospechosamente el ritmo porque vas a reventar y luego no habrá gintonic que suba te apetece practicar slowfood.

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Cuando tus suegros te invitan a comer y ella ha preparado su especialidad: sopa de pescado con picatostes remojados y blandos hasta la arcada. Entre alabanzas y sorbos sonoros, todos la apuran en un minuto. Tú sigues practicando slowfood.

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Cuando viajas a Tailandia y todos tus compañeros de viaje se chupan los dedos con el escorpión empanado, mientras tú buscas en la carta cualquier cosa que te suene medio familiar. Y es que tú, como buen feligrés de la religión Slowfood, “consumes local”.

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Y ahora ¿te atreves a reconocer que practicas slowfood?

6 claves para comer «de tupper» y saludable

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Tener que comer “de tupper” es un mal ineludible para muchos de nosotros en la sociedad actual de jornadas partidas, agendas apretadas y la prisa como estilo de vida. Sobra decir que nuestra economía es de todo menos boyante, y ¡afortunado aquel que puede permitirse comer de restaurante a diario!

 A la gente de a pie no nos queda más remedio que unirnos al Club del Tupper si no queremos acabar enfermando por ingestión continuada de sándwiches de máquina. Fabricados en cadena a base de ingredientes de dudosa procedencia, caracterizados por su monosabor invariable sean vegetales o de cangrejo y aderezados con saborizantes, conservantes, acidulantes y demás maravillas de la química alimentaria a la que nuestra salud le importa tres pimientos.

Comiendo sandwich

Pero ¿es posible comer sano en este Club?

Traigo buenas noticias. Da un cambio radical a tus recurrentes -y contundentes- macarrones carbonara, da esquinazo a la expendedora que te mira con ojos golositos y explícale a Ronald McDonald que vuestra relación tóxica ha terminado con estas 6 claves para preparar tuppers sanos, fáciles y resultones: 

  1. Colores, dame colores. Vigila siempre que tus platos sean coloridos, añadiéndoles verduritas de temporada u hortalizas (crudas o salteadas) como acompañamiento o guarnición. Dale color a la pasta o al arroz (mejor integrales y ecológicos), a la carne (mejor blanca como pollo o pavo), al pescado o a las legumbres. Además, no dudes en añadir semillas. 
  2. Cambia los hidratos refinados por integrales ecológicos. La pasta o el arroz integrales están compuestos por carbohidratos complejos, es decir, que digerimos lentamente y proporcionan poco a poco energía a nuestras células, ideal para afrontar una larga tarde de trabajo. Descubre opciones deliciosas como la quinoa o el mijo y no te olvides de acompañarlos siempre de color (verduritas, setas u hortalizas). También encontramos estos carbohidratos en las legumbres: ámalas y ponles color.
  3. Los tuppers, mejor de cristal. Algunos plásticos con los que estos se fabrican ceden sustancias a los alimentos al calentarlos en el microondas. Aunque esto ocurra en cantidades muy pequeñas, si comes de tupper frecuentemente las pequeñas cantidades se acumulan. Fíjate que el plástico indique que es apto para microondas o directamente usa tuppers de vidrio: te curas en salud y la experiencia de comer es más agradable.

tuppers

 

  1. Aliña con aceite de oliva virgen y especias. Este aceite aporta grasas saludables que protegen nuestras células. Fíjate que sea virgen (no, no es necesaria la prueba del pañuelo: basta con mirar la etiqueta). Si no es “virgen” significa que está refinado: ha perdido antioxidantes, esas heroicas supersustancias que nos protegen de los malvados y temidos radicales libres que están deseando enfermarnos. Las especias añaden saborazo, te permiten reducir la sal y las que son ligeramente picantes aceleran el metabolismo.
  1. “Como pa una boda.” Prepara más cantidad de la cuenta del “alimento base”: pasta, arroz, legumbres… Lo congelas y ya puedes ir sacando los días que vayas con prisa. Simplemente cambiándoles la guarnición o la salsa ya tienes un plato nuevo.

Leonardo DiCaprio

  1. Los bocadillos saludables existen. Escoge pan integral ecológico (ya sabes, que la cáscara del fruto entero no lleve pesticidas). Incorpora hortalizas, verduras o patés vegetales caseros (guacamole, de pimientos o berenjena). Puedes añadir carnes blancas, pescado en conserva o tortilla. Para aliñarlo, vuelve al punto 4.

Como ves, no es tan difícil ni trabajoso. Aplícate en la preparación y lo notarán tu bolsillo, tu michelín y tu sentimiento de culpabilidad post- MacMenú. Garantizado.

Sobre el buen gusto

Hola, Artemaní­acos.

Me gustarí­a cogeros con la manita virtual del ratón y arrastraros al principio de nuestra ruta de hoy, pero imagino que será más factible que os bajéis del metro en Alonso Martí­nez.

Este caminito es la segunda parte de mi trayecto casa-escuela, y más de una vez he llegado tarde a clase por quedarme embobada en la Librerí­a Pasajes (c/ Génova 3). Tienen taaantos libros en sus idiomas de origen, y ya sabéis que pocas cosas hay peores que leer poesí­a traducida. Solución aquí­.

Hace un par de semanas vi que al mismí­simo ladito, en el nº5, acababan de abir GUST. Este taller de bocadillos y bar de ensaladas me parece una opción fenomenal para comer ligero ahora que llega el calor –está lloviendo afuera y yo hoy voy a comer lentejas, pero ya está a la vuelta de la esquina, os lo prometo.

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Esto no termina aquí­.

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Mirad, he desayunado paracetamol porque hay un señor obrero que está realizando su honrado trabajo en el piso de arriba, JUSTO encima de mi cuarto y mecagoentodo. Es como la personificación de la resaca. Así­ que hoy no es que tenga el ánima muy escritora –menos que de costumbre–, pero no pasa nada, porque de todas formas no serí­a capaz de explicaros con palabras porqué la decoración de GUST hace justicia a su nombre. Una imagen vale más que bla bla bla.

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Me encanta el ambiente doméstico, me hubiese quedado a vivir allí­. (Suspiro.)

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Puedes elegir entre varios tipos de menú, si mal no recuerdo, son ensalada/quiche/bocadillo + bebida + postre frí­o. Anotaciones: La ensalada te la confeccionas a tu gusto alrededor del fastuoso naranjo de la entrada, las quiches y las tartas vienen de la mano del L’Atelier de Mousse, y sobre los bocadillos diré que puedes elegir entre una variedad de panes magní­ficos.

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La mirada de l’amug y las ganas de comer de Camila y Dani.

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Pues claro que la copa de vino era mí­a, de quién si no.

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Libros ordenados cromáticamente y otras formas de hacer que me derrita.

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Los dueños,  Pierre y su hermano –no me dijo su nombre, pero como volveré para comerme una quiche, ya lo descubriré–, importados directamente desde Francia, y tan ilusionados con su nuevo proyecto. Como para no. Todo mi amor para este negocio.

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Hasta la escalera a los baños es bonita, copón.

Seguimos bajando la calle Génova. En el nº25, vemos que también han abierto nuevo Prep’ La Críªpe, pero como ya tenemos el estómago contento, nos lo apuntamos en la lista de cosas que hacer de Foursquare para otra ocasión.

Me parece fatal que tenga que venir yo, alguien que no es de Madrid, a deciros que aprovechéis las actividades que os ofrece vuestra ciudad. Todos conocéis las salas de la Fundación Mapfre –o deberí­ais–, que siempre presentan unas exposiciones que son de puti meri y GRATUITAS. No tenéis excusa alguna. Yo las he visto ya dos veces. Ahora mismo y hasta el 3 de Mayo, tenéis en la Sala Braganza de la Fundación Mapfre (c/ Bárbara de Braganza 13) la exposición del street-photographer neoyorkino de los 50s-60s, Garry Winogrand. Un gran retrato de la sociedad estadounidense de aquellos años.

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El tipo murió de repente y se dejó como unos 6500 carretes sin revelar. La mitad de las fotos en esta muestra jamás fueron revisadas por el mismo fotógrafo y han sido impresas a propósito de esta exposición.

 

Cruzamos la calle y en el Paseo de Recoletos 23 está la Sala Recoletos, donde se presentan las Pinturas académicas del Salón de Parí­s en la exposición El canto del cisne, que pretende analizar el último esplendor de la pintura académica. Me alegro de que no se puedan hacer fotos, así­ le prestaréis atención a los cuadros.

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La parte de mitologí­a es mi favorita. Bouguereau petándolo muy fuerte con El nacimiento de Venus Dante y Virgilio en el Infierno.

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Importante merendar antes de ir a clase si no quiero morir de inanición porque llego a mi casa a las 11pm. Menos mal que al lado de la escuela está Il Tavolo Verde (c/ Villalar 6). Sólo productos orgánicos y buení­simos.

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  Habréis notado que se me acabó la baterí­a de la cámara y que estas fotos son tomadas con el móvil. Sorry for that.

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Al cruzar la primera sala descubres que el local tiende al infinito y gradualmente se convierte en una tienda de antigí¼edades.

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  Me duele mucho venir aquí­ porque lo quiero todo. Cuando sea millonaria, mi casa va a ser tan rococó…

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Llego tarde a clase. Au revoir les enfants!

Fotos: © Laura Cocodrilo

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