Fito: «Yo voy huyendo, pero no sé de qué»

No entiendo la música si no es para curar heridas o bailarla. Una canción es capaz de salvarte y de hundirte a partes iguales. Pasa lo mismo con los discos, sólo que los sentimientos se entremezclan, y curan y abren heridas sin descanso durante cuarenta, cincuenta o sesenta minutos. Soy consciente que desde hace tiempo se está perdiendo la costumbre de escuchar CD’s enteros, que vivimos con prisa. Pero de verdad, nunca está de más reservar un momento para tumbarte en la cama, cerrar los ojos, dar al ‘play’ y escapar del mundo.

«Huyendo conmigo de mí­» (2014), el nuevo álbum de la banda de Fito y los Fitipaldis, ha sido mi último tirarme en la cama – cerrar los ojos – disfrutar. Porque a Fito hay que escucharle en silencio para verle por dentro: porque su música son sus entrañas.

Fito en la rueda de prensa

Han pasado cinco años desde que publicara su anterior álbum «Antes de que cuente diez» (2009) y sin embargo parece que el tiempo no pasa para el artista. Muchos son los que critican esa fórmula de repetir lo que funciona, como si tuviera miedo de arriesgar y no gustar. Lejos de entrar en esta polémica Fito afirma que él hace la música que quiere, y que no hacerlo serí­a engañarse a sí­ mismo. Lo que está claro es que lo que hace lo hace muy bien.

En esta ocasión, los Fitipaldis han estado capitaneados por el polifacético Carlos Raya (guitarrista y productor del disco) en el Estudio Uno (Colmenar Viejo), donde han nacido los diez temas que componen Huyendo conmigo de mí­. Pero, ¿de qué huye Fito Cabrales? «siempre estoy huyendo, pero no sé de qué», bromeaba el artista en la rueda de prensa. Lo bonito de sus letras al final es que son de todos. Cualquiera es capaz de verse en uno de sus temas. El triunfo de su música es la capacidad del compositor de contar lo que alguien no se atreve a decir, o no sabe expresar. Fito escribe poesí­a y la acompaña de rock’n’roll en estado puro. Incluso en este larga duración se atisban rasgos de blues setentero. í‰l, sin embargo, aún no se explica su éxito mediático, «yo no sé por qué me gusta la música que a mí­ me gusta, así­ que ¿cómo voy a saber por qué gusto yo a la gente? Sólo sé que no es por mi fí­sico», volví­a a bromear.

«Entre la espada y la pared«, carta de presentación, es una declaración de principios, pone las cartas sobre la mesa: «las mezclas no me salen bien: sexo, drogas rock’n’roll». «Lo que sobra de mí­» esconde el tí­tulo del álbum, y «Pájaros disecados», tercer corte, es un llanto. Después todo va a mejor: ya tienes la herida abierta, vamos a cerrarla. «Nos ocupamos del mar», versión del tema de Javier Krahe, da tregua a un disco que de primeras parece triste. Suena delicado, como un abrazo por la espalda. Le sigue «Nada de nada», canción de corte social, un corte de mangas a los polí­ticos.

«El vencido» abre la segunda mitad del álbum en la que se esconde la instrumental «Umore Ona» (Buen Humor). «Garabatos» y «Lo que siempre quise hacer» ponen el toque alegre al disco. Finalmente una majestuosa «Después del naufragio», con un cierto aire a su éxito «Soldadito Marinero», cierra el sexto álbum de una de la bandas más importantes del pop-rock nacional.

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Crí­tica | Los Boxtrolls

Después de tantas pelí­culas dirigidas a los adultos, ya era hora de que los más pequeños -y los que ya no lo somos tanto- pudiesen disfrutar de una pelí­cula de animación.

Así­ que les presentamos a los Boxtrolls, unos pequeños monstruos que habitan bajo las calles de Cheesbridge -un pueblo con más corrupción que España- que son súper crueles, secuestran a los niños y se los comen, tal como hicieron con el protagonista, Eggs. Vamos, lo tí­pico que hace cualquier ser inferior a la raza humana. Como era de esperar, ésos pequeñines no serán tan malvados y el muchacho tampoco estará muerto.

Al ser una pelí­cula de dibujos animados, está claro que tiene que haber el bando de los buenos y el de los malos. Los primeros, son los Boxtrolls, el joven Eggs y Winnie, la hija del alcalde que ayudará a los protagonistas a conseguir ser aceptados por los habitantes del pueblo. Los segundos, son una banda de malos-no-tan-malos liderados por Birlante –el malo-muy-malo– y que se dedican a capturar a los monstruitos para llegar a la cúspide de la sociedad.

Boxtrolls

Sin duda alguna, lo más destacable del film es que está rodado a través de stop-motion, una técnica bastante complicada y laboriosa y, más aún, si se hace para una pelí­cula en 3D como ésta. La verdad es que han sabido lograr maravillosas escenas de acción que te dejan con un buen sabor de boca. Además, la vestimenta de los personajes y sus propias facciones son geniales y, sobre todo, los escenarios están muy elaborados y cuentan con miles de detalles.

Sin embargo -y siendo un poco rebuscados, no lo vamos a negar- podrí­amos pensar que tiene una trama un poco complicada para los más pequeños, ya que podrí­a ser una crí­tica a la sociedad de clases, pues el objetivo del villano, es eliminar a todos los Boxtrolls para conseguir un sombrero blanco y asistir a las reuniones con los más cool de Cheesebridge.

Algunas escenas, como la forma en la que Birlante se deforma debido a su alergia al queso y como ésta es curada por unas sanguijuelas que le chupan la sangre, son un poco duras y grotescas para un público infantil.

Un detalle muy importante y con el que, sinceramente, estoy muy contenta, es la referencia en el trailer oficial a  las parejas homosexuales; ya que la Laika, la productora, ha sido pionera en introducir ésto en las pelí­culas de animación.

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Quizás, una de las pegas que podemos encontrar es que el recurso Minions está demasiado explotado. Es decir, eso de recurrir a monstruitos inexistentes con los que morir de amor ya está más que visto. Pero, bueno, el ser humano es muy de tropezar con la misma piedra y volverse a enamorar de bichos así­.

Minions - Muero de amor

Uno de los mejores momentos lo proporciona el villano, ya que, además de ser el malo más malo, es un travesti en su tiempo libre. Sublime.

La vida es demasiado corta como para perder el tiempo sin ver pelí­culas de dibujos animados; así­ que, ya sabes, a volver a la infancia se ha dicho.

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«Planeta Azul»: el comienzo de Ruth Lorenzo

Muchos la conocí­an como la chica de Purple Rain en The X Factor UK 2008; otros, escucharon su nombre por primera vez hace unos meses tras representar a  España en el festival de Eurovisión 2014. De una forma u otra, Ruth Lorenzo se ha convertido este año en una auténtica sensación y ya son muchos los que siguen sus pasos.

Tras muchos meses de espera, por fin ha llegado «Planeta Azul», el álbum debut de una artista que ha trabajado muy duro para conseguir su sueño: vivir de la música. Un total de 16 canciones -2 versiones en acústico- nos llevan por la historia de su vida; 16 canciones compuestas a lo largo de 5 años entre Londres y Murcia que nos llevan a una pregunta esencial: ¿está preparada Ruth Lorenzo para impresionar? Comencemos por el principio.


Planeta azul (6/10)

Pese a llevar el nombre del álbum debut de Ruth Lorenzo, Planeta Azul es, sin duda alguna, una de las peores canciones del disco. Una vez más, Ruth Lorenzo juega con elementos ya más que reconocidos en ella, como son la luz y, aunque no termina de encajar con el potencial que la murciana ha demostrado durante todos estos meses, gana con las escuchas.


Gigantes (8/10)

El primer single del álbum llegó sin convencer , pero, poco a poco, ha ido recibiendo mayor aceptación tras la publicación de su videoclip. La artista recurre a una base electrónica que combina de forma satisfactoria con partes menos intensas que desembocan en absoluta fuerza. Una canción diseñada para ganarse al público español.


Noche en blanco (9/10)

Una de las grandes joyas de «Planeta Azul». La voz de Ruth Lorenzo, junto a una letra y melodí­a que cobran protagonismo en el estribillo, consigue convencer de forma sobresaliente. El potencial de la canción hacen de ella un gran posible single que enamorará a todos los seguidores. Y, con ello, videoclip -con la elegancia propia de la cantante- incluido.


Parar el tiempo (9/10)

No hay nada que se pueda decir de Parar el tiempo para hacerle justicia; basta con conocer la historia detrás de ella: un joven prometió amor eterno con su chica antes de ir a la guerra, pero la familia de ella nunca le entregó sus cartas y, tras durar más tiempo del esperado, ella rehí­zo su vida. La voz de Ruth Lorenzo hace el resto.


Renuncio (7.5/10)

Renuncio despertó el interés en las redes sociales tras su publicación, donde muchos seguidores de la cantante comparaban la canción con el estilo de La Oreja de Van Gogh. Se desconoce todaví­a si será single oficial de «Planeta Azul» -aunque Ruth Lorenzo ya ha sacado el lyric video del mismo-, pero muchos lo descartan frente a otros temas con más gancho.


Rey de corazones (9.5/10)

A dúo con Miguel Poveda, Ruth Lorenzo abandona por unos minutos toda la potencia de su voz, así­ como sus largas y desgarradoras notas, para regalarnos Rey de corazones, una balada que consigue poner los pelos de punta desde el primer segundo. Si habí­a alguna duda sobre la elección de Miguel Poveda para la canción, ya no existe.


Vulnerable (6.5/10)

Vulnerable -cuya instrumental sirvió de banda sonora del tráiler de «Planeta Azul»– se corona, en una primera escucha, como uno de los temas más flojos del álbum, pese a ser una power ballad con base dubstep . No obstante, gana bastante al llegar al estribillo y, con el tiempo, puede conseguir enganchar a los oyentes.


1, 2, 3 (7/10)

«¿Está compuesta esta canción por La Oreja de Van Gogh?». No, pero podrí­a ser así­. 1, 2, 3 recuerda al estilo de la banda de San Sebastián. No es la mejor canción de «Planeta Azul», pero a través de su melodí­a y un estribillo más allá de lo pegadizo consigue convencer desde una primera escucha, y una segunda, y una tercera; «1, 2, 3, escucha otra vez».


Inevitable (5.5/10)

La canción número 9 de «Planeta Azul» completa el TOP 3 de los temas más flojos del álbum y se alza con la primera posición. Una canción que no termina de despegar en sus 3:13 minutos de duración y que, sin dudarlo, se aleja bastante de la calidad de canciones como Noche en blanco o Flamingos.


Patito feo (9.5/10)

Cuenta Ruth Lorenzo que siempre se ha sentido un patito feo, pero ello nunca ha impedido que luche para conseguir sus sueños. «Yo sé que puedo volar, mira cómo alzo el vuelo». La combinación de tambores y dubstep, que alcanzan su máximo esplendor a partir del segundo estribillo, convierten a Patito feo en el himno de «Planeta Azul».


Flamingos (10/10)

Flamingos es todo cuanto muchos esperaban de este primer proyecto de Ruth Lorenzo en España, aunque, al final, haya resultado ser un disco más pop -y no por ello de menor calidad-. De estilo parecido a Love Is Deadcon un sonido menos comercial y más alternativo, la canción resulta adictiva y pegadiza desde la primera escucha. Una auténtica delicia, un «sí­» muy grande.


Eva (9/10)

Eva, al igual que Parar el tiempo, esconde una de las historias más bonitas de «Planeta Azul». Como si del cuento de La Cenicienta se tratase, la artista cuenta los duros tiempos que pasó su madre en su niñez, huérfana y en busca de un amor que no parecí­a llegar. La canción refleja el amor incondicional y cómo la pequeña Eva llegó a convertirse en la gran mujer que es hoy y, aún más importante, cómo logró brillar y ser feliz.


Te veo (9/10)

Han pasado tres años desde que pudimos escuchar esta canción por primera vez en una actuación en Londres, pero la murciana se las ha arreglado para hacernos olvidar toda versión anterior. Te veo refleja la esencia principal de «Planeta Azul» a través de su base y de un potente estribillo preparado para cobrar fuerza en directo.


Dancing In The Rain (10/10)

Dancing In The Rain, la canción que nos devolvió la ilusión en Eurovisión con una 9ª/10ª posición, pone el brocho de oro a «Planeta Azul». El disco acaba con el tema que dio comienzo a la historia de amor de muchos con Ruth Lorenzo; la mejor forma de poner fin a un disco personal, curioso y, sobre todo, sentido.


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«1989»: adiós al country de Taylor Swift

Querida y odiada a partes iguales, con tan sólo 25 años, Taylor Swift tiene 5 discos en el mercado. Ha ganado 7 Grammys y 15 Billboard Music Awards. En 2013, ocupó el #6 en la lista de Forbes Los hombres y mujeres más poderosos de la industria del entretenimiento.

Después de dos años tras el éxito de «RED», la cantante de éxitos como Love Story o We Are Never Ever Getting Back Together abandona definitivamente el country y vuelve con un trabajo mucho más maduro, «1989». Aunque observamos una clara evolución de la joven artista, se mantiene fiel a su estilo y sonido dejándonos nada más y nada menos que 16 nuevas canciones originales dispuestas a atrapar de nuevo al público.


Welcome To New York (7/10)

De forma casual , DJ Earworm consiguió una preview de esta canción al incluir You Belong With Me United State of Pop 2009 (Blame In On The Pop) con el uso de sintetizadores. En esta nueva era, Taylor Swift abre «1989» con Welcome To New York, una canción que comienza a configurar el estilo de la cantante, desligado del todo del pop-country que la caracterizaba.


Blank Space (6/10)

A pesar de que en una primera escucha crees escuchar parte de la base de Boyfriend (Justin Bieber), la canción evoluciona hasta conseguir un sonido totalmente distinto que logra cumplir su función: convencer. No es, ni de lejos, de las canciones más fuertes del álbum, pero no decepciona.


Style (8/10)

Con un toque ochentero, esta canción se convierte en uno de los TOP de este álbum. Otra canción que vuelven a relacionar con su ex Harry Styles -¿dejarán alguna vez de relacionar sus canciones con él?- al hablar de un chico con pelo largo, despeinado y camiseta blanca.


Out Of The Woods (10/10)

Dedicada a su ex novio, Harry Styles -componente de la banda británica One Direction-, Out Of The Woods se presenta como uno de los temas más interesantes de «1989». Se desconoce todaví­a si será el segundo single del álbum, pero, por lo pronto, la cantante ya ha presentado esta canción en el programa de Jimmy Kimmel con gran acierto.


All You Had To Do Was Stay (8/10)

Original, con ritmo y con un sonido diferente al que nos tiene acostumbrados la artista, la nota que se agudiza cuando pronuncia «stay» hace que el estribillo sobre todo el ritmo.


Shake It Off  (10/10)

El primer single de «1989» trae un mensaje a todos los haters que basan su carrera en sus relaciones amorosas y su «soserí­a». «Dientes, dientes; eso es lo que les jode». Totalmente fuera del estilo al que  nos tiene acostumbrados y, sin embargo, funciona a la perfección: cuando menos te des cuenta, estarás tarareándola sin parar.


I Wish You Would (7/10)

El protagonismo de la canción se lo lleva el sonido de las guitarras y los golpes de baterí­a del fondo. Es fresca, natural y con un estribillo pegadizo que bien podrí­a ser la banda sonora de una americanada para adolescentes.


Wildest Dreams (7/10)

Con un sonido que nos recuerda a Lana del Rey, esta balada de «1989» es la más oscura de todo el disco. Al igual que otras canciones ya conocidas, este tema habla de lo idí­lico y esperanzador que puede ser el amor sin olvidar que a veces las cosas no duran para siempre. Al más puro estilo de Taylor Swift.


Bad Blood (7/10)

Con un sonido un tanto Girlfriend,  de Avril Lavigne, la joven se atreve con este pop con una gran historia detrás. Todo parece indicar que esta canción está dedicada a su declarada enemiga, Katy Perry, la cual parece ser que intentó adueñarse de casi todos los bailarines en la última gira de Swift según declaraciones suyas en la revista Rolling Stones. La gata de la música contraatacó a las declaraciones de Taylor con un tweet muy provocador: «Cuidado con la Regina George con piel de cordero».


 How You Get The Girl (8/10)

How You Get The Girl es, quizás, de las canciones más fieles a la Taylor Swift que hemos conocido en los cuatro álbumes anteriores. No obstante, se nota una evolución que se aleja del country convencional para viajar por otros estilos más comerciales. ¿Funciona? Funciona, y a la perfección.


This Love (8/10)

Una balada al más puro estilo Swift con un acústico de guitarra y una base que hace que su voz reverbere. Va creciendo y alcanza la madurez en el estribillo llenándote y poniéndote los pelos de punto. Era necesaria una balada después de un tracklist más rí­tmico que en los anteriores trabajos de la artista.


I Know Places (7/10)

La canción comienza con lo que parece ser la demo de Sia de Loved Me Back To Life, que, finalmente, serí­a para Céline Dion. I Know Places podrí­a haber encajado, perfectamente, en «1000 Forms Of Fear», el nuevo álbum de la cantante de canciones como She Wolf (Falling To Pieces) o Titanium. Lineal la mayor parte del tiempo, pero consigue despegar y «sorprender» en el estribillo a través de un mayor juego con la voz.


Clean (8/10)

Si Taylor Swift parecí­a evolucionar en «RED», con «1989» ha terminado de alcanzar un nuevo concepto de balada que bastante se aleja de aquellos Love Story o White Horse de «Fearless», su segundo álbum de estudio. La canción convence de forma notable, pero hay quienes pueden llegar a echar de menos el estilo de discos anteriores.


Wonderland (8/10)

Digna de una buena BSO, Wonderland te lleva al mundo de ‘Alicia en el Paí­s de las Maravillas’, divertida, melódica y sobre todo muy Swift.  La canción crece según van pasando los segundos y se complementa con un profundo sonido de fondo. Esta canción sólo podrás encontrarla en la edición Deluxe del disco.


You Are In Love (6/10)

Esta balada, Swift la escribe junto a Jack Antonoff, novio de su amiga la actriz Lena Dunham, para hablar de amor y de cómo puedes sentirlo en todas las cosas que te rodean. Con un sonido similar a Begin Again de su anterior trabajo, la artista sigue fiel a las baladas con notas prolongadas y delicadas.


New Romantics (9/10)

«Taylor, ¿eres tú?». De vuelta al sonido sintético, el disco cierra con New Romance, que, de no ser por una voz más que reconocible, podrí­a ser un tema de Icona Pop y sonar en todas las discotecas. La canción demuestra, una vez más, que Taylor Swift ha dejado atrás el viejo sonido que un dí­a nos dio a conocer.


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Drácula, la leyenda jamás contada: Tiempos de guerra y sangre

Que, en Hollywood, la imaginación está llegando a su fin es un hecho fácilmente visible en cualquiera de las carteleras a las que os acerquéis. Remakes, secuelas y refritos están en boga, y el vampiro más conocido del celuloide no iba a correr mejor suerte (no, Edward, tú no). Drácula, el clásico personaje de la novela de Bram Stoker, ha dado para un sinfí­n de pelí­culas, ya sea como protagonista, como secundario o, incluso, como parodia (ay, Chiquito). Sin embargo, aún quedaba un último cartucho por quemar… o eso creí­an los productores de esta ¿precuela? en la que se nos cuenta como el prí­ncipe rumano Vlad (personaje real sobre el que se inspiró Stoker para su novela) llegó a convertirse en un chupasangres.

Propuestos a hacernos olvidar todos los fatí­dicos últimos intentos de llevar a los vampiros al cine, han tomado otra ví­a, no ajena a los clichés, pero sí­ algo más enriquecedora para con el protagonista. La pelí­cula, algo así­ como ‘El reino de los cielos’ (por poner una pelí­cula épica) con tintes fantásticos, nos lleva a descubrir el lado más humano del temible personaje mostrándonoslo como todo un padre de familia y lí­der de un pueblo puesto en jaque. Es ahí­, en ese debate moral entre salvar a sus seres queridos o al pueblo del que es responsable donde reside la poca originalidad que podemos encontrar en la pelí­cula y, aún así­, no deja de ser previsible a más no poder.

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¿Dónde quedaron los vampiros de toda la vida?

Quizás al saber el desenlace del personaje (todos sabemos que Vlad acabará siendo Drácula), el factor sorpresa estaba reducido al mí­nimo pero no dejamos de estar ante la tí­pica pelí­cula de guerra entre dos pueblos; sí­, con la historia de Drácula como pretexto pero no encontramos nada original, distinto, que nos haga recordar ésta en lugar de otras. Incluso, los efectos especiales, que en ocasiones pueden hacer memorable una pelí­cula mediocre, quedan eclipsados por una dirección que impide disfrutar al espectador. Y sí­, de nuevo, esa epidemia que sacude el nuevo cine de Hollywood: ‘el efecto Mann’ o más conocido como ‘la cámara con Parkinson’. Todas las escenas más alucinantes tienen un montaje y un estilo que desmerecen por completo el acabado técnico que, de haber sido de otro modo, hubiera sido bastante remarcable.

¿Qué podemos destacar? Luke Evans es un protagonista fantástico y Dominic Cooper funciona muy bien como villano; la música emociona cuando tiene que hacerlo y acompaña con atino a las escenas de batalla que, aún pecando de temblores en la cámara (y siendo benevolentes), se dejan ver; por último, un epí­logo algo tróspido que, aún sintiéndome culpable al afirmarlo, me pareció lo mejor de la pelí­cula.

Ese salto temporal a la actualidad, con el reencuentro recitando el poema y el ridí­culamente divertido guiño a la novela nombrando a la eterna Mina, consigue sacarte una sonrisa… culpable, pero una sonrisa.

‘Drácula, la leyenda jamás contada’ es esa pelí­cula perfecta para ver en casa, con una manta y unas palomitas un domingo de lluvia. Para disfrutar en una sala con buen cine, mejor ‘Magical girl’.

Coherence: ¿Estás seguro de conocer a tus amigos?

¿Qué pensarí­as si tus amigos te invitan a su casa la noche que pasa un cometa por tu ciudad? Nada, ¿no? Pues, definitivamente, empiezas mal.

Pero, tranquilo, no estás solo. A Emily (Emily Baldoni) y el resto de protagonistas de Coherence les pasa lo mismo. Una noche, deciden cenar todos juntos mientras recuerdan que, en 1923, el paso de un cometa hizo que los habitantes de un pueblo de Finlandia quedasen totalmente desorientados. Como era de esperar, algo similar le sucederá a ellos.

La historia se desencadena a partir de que se va la luz donde están cenando ellos y, muy aventureros, dos de ellos se dirigen a la única casa con luz. Cuando vuelven, traen una caja con una foto de cada uno de ellos -fotos que no podrí­a tener nadie más-. Y, como cualquier persona en su sano juicio harí­a, deciden averiguar qué está pasando -aquí­ ya empiezas a morderte las uñas-.

El clí­max de la pelí­cula llega en el cuando se dan cuenta de que no están solos. Y no solo porque haya otras personas cerca, no. No están solos porque están sus propios yos de una realidad paralela -aquí­ ya no te quedan uñas-.

Tú a Londres y yo a California

La interpretación de los actores es bastante buena, sobre todo, el papel protagonista de Emily Baldoni, quien pone un poco de cordura a la noche que están viviendo. Además, Lauren Maher sabe interpretar muy bien el papel de zorra/exnovia de tu novio a la que querrí­as matar pero no lo haces porque da mucho juego. También destaca la interpretación de Nicholas Brendon, un borracho que intentar chantajear a su propio yo-paralelo sin mucho éxito. Y, cómo no, Maury Sterling (Max en Homeland) consigue que el final te deje en shock y con ganas de más.

Uno de los elementos a destacar -y por el que fue premiada en 2013 en el Festival de Sitges– es su guion, ya que es uno de los puntos más fuertes que tiene la pelí­cula. Quizás esto tiene que ver con que el director diese ví­a libre a los actores para actuar de manera más natural y no tan forzada como en muchas pelí­culas de ciencia ficción.

Cuando Emily se da cuenta de que no está en la casa inicial, encuentra a otra ella, se mata a sí­ misma y, por si fuera poco, se hace pasar por ella, es un antónimo total del tí­tulo de la pelí­cula.

¿Lo mejor? El estrés, incoherencia y planteamiento de tu propia existencia que vives al no saber quién es quién, si la persona que está viendo es la misma que al principio, si la han cambiado o si será otra que verás en 20 minutos.

Rachel Glee - Scream

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