13 películas muy frías para un invierno bajo cero

Puede que seas de esos que ya están pensando en el verano, la playita y el calor, de los que adoran que la temperatura en los vagones de metro en enero ronde los 40º y de los que se ponen dos pares de calcetines, mono de esquiar y un gorro calado para bajar al Mercadona. Pero si perteneces a ese otro grupo que se regocija con el desplome de los termómetros, vive para ver caer un mísero copo de aguanieve y piensa en Finlandia como destino ideal para sus vacaciones, seguro que disfrutas de este repaso a 13 de las películas más frías -y no solo por sus paisajes- de los últimos 5 años. Prepara la mantita, un chocolate caliente, y a disfrutar del hielo cinematográfico, que el invierno va a ser largo.


Compliance (2012), el frío laboral

compliance

Una llamada policial informa a la gerente de un local de cómida rápida (Ann Dowd) de que una de sus jóvenes empleadas (Dreama Walker) ha robado a uno de los clientes. Hasta la llegada de la patrulla, debe hacerse cargo de retener e interrogar a la joven. Con esa sencilla premisa, y basándose en una historia real, la película explora los límites de la autoridad y el poder, la (ausencia de) ética y la deshumanización en los entornos laborales. El plot twist hacia el final de la película refuerza esa vieja idea de que la realidad supera a la ficción.


Gravity (2013), el frío del espacio

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La ganadora de 7 premios Óscar representa como ninguna el vacío del espacio y la soledad del astronauta. Además, la tensión es constante desde el momento en que todo lo que podría salir mal en esa pequeña estación espacial, empieza a fallar. Mientras todo ápice de seguridad se desintegra, se establece un vals hipnótico, suspendido en la ingravidez, apoyado en Sandra Bullock en el que probablemente haya sido el papel de su vida.


Jamie Marks Is Dead (2014), el frío de la adolescencia

jamie marks is dead

En una pequeña ciudad americana, aparece el cadáver del adolescente Jamie Marks (Noah Silver), estudiante solitario del instituto local. Uno de sus compañeros, Adam (Cameron Monaghan), empieza a obsesionarse con su historia y comienza a notar su presencia. Una reflexión sobre la muerte, el amor y la violencia entre iguales rodada con un sentido estético muy invernal.


La Bruja (2015), el frío del fanatismo

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La magia del cine es sacarse de la manga, en pleno 2015, una historia sobre el miedo y el fanatismo ambientada en la Nueva Inglaterra puritana de 1630, y que se convierta en un clásico del terror. Cuidadísima en cuanto a sus aspectos formales, ambientación, interpretaciones; te deja el frío en el cuerpo a pesar de una escena final un tanto… atrevida.


La Caza (2012), el frío de la duda

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De cómo una pequeña mentira infantil puede extenderse como una infección y llevar al ostracismo hacia el sospechoso por parte de toda la comunidad. Del frío nórdico y del pánico hacia los abusos a menores. Del desprestigio y de la sobreprotección.


Stockholm (2013), el frío propio (y ajeno)

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O también, el frío de Madrid. Dos desconocidos que se encuentran una noche, se gustan, pasean y charlan bajo la luz de las farolas, van a casa, y todo se enfría. Lo que parecía una comedia romántica se torna en thriller sobre las relaciones sentimentales, sobre el secuestro propio y ajeno. En esta desasosegante y sutil historia de amor, ella (Aura Garrido) se come la pantalla.


Maps to the Stars (2014), el frío del ego

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Amada y odiada a partes iguales, como todas las películas que dirige Cronenberg, Maps to the Stars es toda una disección perversa a los entresijos de la industria de Hollywood y sus moradores. Adolescentes en rehabilitación o psicópatas (Mia Wasikowska), adultos obsesionados con el éxito y la eterna juventud (Julianne Moore, John Cusack), poemas de Éluard y traumas diversos se reúnen en esta historia para engendrar un todo casi cómico por exagerado, nauseabundo e imperdible.


Snowpiercer (2013), el frío del futuro

Snowpiercer

Con un guión irregular pero visualmente estimulante, Snowpiercer avanza entre la nieve como el tren que es, último reducto de la humanidad en un mundo postapocalíptico y helado. A ratos metáfora de la lucha de clases, a ratos mero entretenimiento sci-fi, consigue mantener ese regusto a cine asiático a pesar de un cásting eminentemente occidental (Chris Evans, Tilda Swinton, Jamie Bell).


Lost River (2014), el frío de Detroit

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Vapuleada por la crítica, tildada en su momento de ‘robo a David Lynch’ o ‘capricho del nuevo niño mimado de Hollywood’, en referencia a su director, Ryan Gosling, Lost River muestra un Detroit de neón y en ruinas, abandonado a las fuerzas de la naturaleza, por donde deambula un adolescente (Iain de Caestecker) empeñado en hundirse bajo el agua para encontrar una ciudad desaparecida, y en constante persecución con el fascinante matón del barrio (Matt Smith). Mientras tanto, su madre (Christina Hendricks) se sumerge en una realidad paralela, nocturna, donde los lugareños dan rienda suelta a sus perversiones y donde la estrella del show (Eva Mendes) nos hipnotiza al ritmo de Moliendo Café.


Miss Violence (2013), el frío de la(s) crisis

miss violence

Muy griega, muy fría, muy perturbadora. Y aún así, admirable. Un suicidio infantil en el seno de una familia aparentemente normal y feliz hace que se despliegue ante el espectador un catálogo de secretos y disfuncionalidades. Crisis económica y moral, patriarcado opresivo, violencia que se intuye escondida debajo de la alfombra y que estalla cuando menos te lo esperas; se recomienda ver con el estómago más bien vacío.


Cuando Tienes 17 Años (2016), el frío de la atracción

cuando tienes 17 años

Tom (Corentin Fila) y Damien (Kacey Motett-Klein) se repelen y se atraen durante toda la película como dos imanes cambiando de polo; en la granja de la madre adoptiva y enferma del primero y en la casa del segundo, donde acaban conviviendo; a la vista de todos en el instituto y en privado entre la nieve. Un logro tremendo del francés André Téchiné, director de la aclamada Los Juncos Salvajes, alejado de tópicos y lugares comunes, real, violento, pero ante todo emotivo, a pesar del invierno perpetuo que parece nunca acabar en esa Francia rural y montañosa que no se suele dejar ver.


Stoker (2013), el frío del mal

stoker

Madre inestable (Nicole Kidman), padre fallecido (Dermot Mulroney), tío recién llegado con personalidad magnética (Matthew Goode), adolescente rara, muy rara (Mia Wasikowska), fotografía vibrante, una dosis de sadismo coreano, violencia y despertar sexual -la dirige Park Chan-Wook-. ¿Inconsistencias en el guión? Seguro, pero igualmente disfrutable.


Viaje a Sils Maria (2014), el frío de envejecer

viaje a sils maria

Este drama sobre el paso del tiempo y la profesión actoral se apoya en los diálogos, los silencios y las interacciones entre la actriz Maria Enders (Juliette Binoche) y su asistente (Kristen Stewart) en un retiro de las montañas, mientras la primera prepara el papel de Helena, mujer madura enamorada de una joven que acaba suicidándose, y que tendrá que interpretar en una obra que ya realizó 20 años atrás, pero en el papel de Sigrid, la joven. Compleja, densa, difuminada entre la realidad y la ficción, permite un respiro en su tercer acto con la llegada de Jo Ann (Chloë Grace Moretz), incipiente estrella de Hollywood que va a interpretar a Sigrid en la nueva producción.

Nadie quiere la noche: Isabel Coixet contraataca

10 años después de su victoria en los Goya con La vida secreta de las palabras, Isabel Coixet ha vuelto por todo lo grande a los premios de la Academia. Queda atrás una etapa extraña de su carrera, en la que la cineasta emprendió nuevos caminos sin demasiado éxito. Para volver a ser ella misma tuvo que diluirse en sus películas. Aprendiendo a conducir, una dramedia de encargo se convirtió en un éxito, gracias a su calidez y encanto, recibiendo buenas críticas y el calor del público en el Festival de Toronto en 2014. Tras aquel film, inauguró la Berlinale 2015 con Nadie quiere la noche, una historia femenina ambientada en el Polo Norte, que recibió críticas dispares. El film no fue estrenado en España hasta el pasado noviembre, gozando de escasa distribución y recaudando poco dinero en la taquilla. Cuando la obra parecía condenada al olvido, llegaron las nominaciones a los Goya y el film de Coixet se coló en 9 categorías, incluidas mejor película, dirección y actriz protagonista.

Nadie quiere la noche relata el empeño de Josephine Peary (Juliette Binoche, una de las actrices más elegantes del cine actual) por acompañar a su marido, el villano invisible de esta historia, en el momento cumbre de su vida: ser el primer hombre en llegar al Polo Norte. Para ello pone en marcha una expedición que siga los pasos de la de su marido, dispuesta a esperar a éste en el campamento base más cercano al Polo. Obviamente nada sale cómo debería y lo que era una película de aventuras, se convierte en una obra intimista que encierra a dos mujeres, la propia Peary y una inuit interpretada por Rinko Kikuchi, acuciadas por los peligros de una noche infinita. Así, tras jugar con las normas del cine de aventuras, Coixet vuelve a ser Coixet, y la película se vuelve un drama femenino, al que le importan más sus personajes que su propia belleza. Gran parte del encanto de Nadie quiere la noche radica en ver cómo la esteta y la narradora se fusionan en medio de la inmensidad blanca, como la nieve, primero, y negra, como la noche, después.

1Sin título

La última película de Isabel Coixet es una obra hermosa, que aprovecha todos sus recursos y ofrece imágenes realmente bellas, aunque, en cierta forma, desesperadas. Una belleza inquietante y peligrosa. También acierta el film en su descripción de la relación que se establece entre las dos mujeres protagonistas. Quizás su principal hándicap es que resulta muy difícil empatizar con Josephine Peary, una mujer insensata y egoísta. Y si en una historia de supervivencia crees que  la protagonista no merece sobrevivir, definitivamente la historia tiene un problema. Aún así Nadie quiere la noche funciona, porque en cierta forma, la inuit trastoca el mundo de Peary haciéndola más humilde. Estamos, por lo tanto, ante la enésima obra que reflexiona sobre cómo los occidentales intervenimos en otros territorios del planeta desde la soberbia, la avaricia y la condescendencia y cómo las desgracias que ello desencadenan nos enseñan a mirar el mundo desde otra perspectiva. Es un mensaje mil veces pronunciado, pero que aún no hemos sido capaces de asimilar. Nadie quiere la noche no es la mejor película española del año, pero es una obra interesante y debemos darle las gracias a la Academia por rescatarla del olvido al que parecía condenada.

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