Sitges 2015 (vol. II) | Palmarés fantástico para una oferta universal

Dos películas 100% Sitges se han alzado finalmente con los máximos galardones de un certamen fantástico que el año pasado decidió premiar a la excelente Orígenes, una obra menos unánime para el público de este festival. Tras el visionado de The invitation, la platea lo dejó bien claro. Ganadora del premio gordo, era la cinta perfecta para unos espectadores que buscan humor macabro, misterio y un reguero de muertes. Lo mismo ocurría con la ochentera y petarda The final girls, Premio Especial del Jurado, homenajeando al género slasher con una brillante y satírica vuelta de tuerca al género. No son las mejores películas que han pasado este año por Sitges, pero sin duda son las más acordes con su filosofía. Un repaso a su segunda mitad vuelve a dar fe de que el festival sigue siendo parada obligatoria para todo cinéfilo.


YOUTH, la gran vejez

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¿Cuándo nos hacemos viejos? ¿En qué momento empezamos a observar el mundo a larga distancia? ¿Son los años los que marcan el inicio de la cuenta atrás? Paolo Sorrentino ha querido reflexionar en su nueva película sobre la vejez y lo ha hecho siguiendo la alargada sombra de La gran belleza, persiguiendo su estética hipnótica, su extravagante mezcla de sofisticación y sordidez, pero con una notable diferencia: derrochando un inesperado humor británico.

Que Youth es una producción italiana lo captamos por el inconfundible estilo de su director, por esos travellings embaucadores que nos descubren a paso muy lento una puesta en escena surreal y chocante. Pero a ese sello innegable de Sorrentino, que aquí se impregna con menor esplendor que en La gran belleza, se le unen ahora brillantes diálogos plagados de fina ironía y que en boca de dos astros como Michael Kaine y Harvey Keitel se convierten en todo un disfrute.

Un compositor jubilado y un director de cine en busca de su testamento cinematográfico observan su entorno desmoronado desde la tranquilidad y la despreocupación que brindan los años. Una amistad entrañable que perdura a golpe de sarcasmo y mofas en torno a las inclemencias prostáticas y otros traumas de la vejez. Aunque si algo se concluye de esta paradójica juventud de Sorrentino es que hay vidas que se marchitan mucho antes de la jubilación. Vidas sin rumbo que confluyen en un hotel decadente de los Alpes, un sanatorio de lujo para almas en pena, y que consolidan al director italiano como el mejor retratista de la frivolidad.


Macbeth, una adaptación total

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Adaptar a Shakespeare debe ser lo más parecido a un marrón de proporciones épicas para un director de cine. ¿Cómo extrapolarlo a la gran pantalla sin ofender a los salvaguardas de tan magnánima obra? Muchos optaron por el escudo de la versión libre, léase Luhrmann o más recientemente Joss Whedon, pero pocos han tenido el coraje de rendirle fidelidad al espíritu del texto original con tan poca experiencia a sus espaldas como la que tenía el australiano Justin Kurzel antes de asumir tan temible reto.

El director no sólo supera el desafío con sobrada solvencia. Deja para la historia la adaptación total de Macbeth, una traslación casi definitiva que bendito aquél que ose querer rebasarla. Dificilísimo lo tendría para encontrar un binomio tan perfecto entre paisaje y fotografía, fundidos mediante una neblina y un cromatismo arrebatadores, asfixiantes, a la altura de una historia de ambición y poder que conduce a la tragedia teñida en sangre. Cuasi imposible captar de nuevo, con tanto rigor, con tanta eficacia, el obsesivo y peligroso bucle del protagonista por alcanzar su profético destino. Pero, sobre todo, ardua tarea la del pobre desdichado que quiera encontrar sustitutos para una sibilina Cotillard y un poderoso Fassbender. Ellos son, sin duda, los Macbeth perfectos.


Victoria, esclava del plano secuencia

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Comienza a aburrir. Que el continente se trague al contenido para convertirse en el reclamo de una película es una tendencia preocupante. Es la senda que ha seguido Victoria para captar nuestra atención. 140 minutos de filme en un solo plano secuencia.  La cámara no descansa. Se adentra en discotecas, ascensores, cafeterías. Nos sumerge en persecuciones, huidas en coche, tiroteos. Todo en una sola noche. Un mérito incuestionable para el director y un milagro de la técnica. Sin duda. Pero cabe preguntarse qué habría sido de la cinta sin su revestimiento. Porque esta juerga nocturna entre una joven española y un grupo de chicos berlineses en realidad tiene muy poco que contar. 

Nos dijeron que Victoria era un thriller -apasionante, añadieron algunos-, que la noche se complicaría para estos jóvenes con un atraco de imprevisibles consecuencias. Pero hasta que llega la acción pasan prácticamente 60 minutos. Una interminable hora en la que pides a gritos que suceda el milagro. Y cuando llega, tampoco es para tanto. Una huida hacia adelante con escasas sorpresas, salvo quizá la osadía de la actriz catalana Laia Costa de convertirse en el eje sobre el que orbita el famoso plano secuencia.  La sensación final es que el señuelo de Victoria también se convierte en su principal escollo. Porque a esta supuesta originalidad sólo la salva una potente apuesta visual que nos haga olvidar su vacío argumental.


Into the forest, ecologismo hueco en la era de internet

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Las películas que cierran el Festival de Sitges suelen ser obras notables del género fantástico. Ocupan ese privilegiado lugar en su programación porque contienen la dosis de expectación suficiente como para convertirse en un broche de oro para el certamen. Por ahí pasaron en su momento Looper o The sacrament, grandes representantes, respectivamente, de la ciencia ficción y del ‘thriller’ sectario. Este año, sin embargo, la elección ha sido más desafortunada. Into the forest podría pertenecer al subgénero postapocalíptico, al suspense, al terror, al gore, pero no encaja en ninguno de ellos simplemente por su poca capacidad para superar el drama de sobremesa con tintes panfletarios.

Ellen Page y Evan Rachel Wood, con la participación especial de Max Minghella, interpretan a dos hermanas y un padre que deben aprender a sobrevivir, aislados en una impresionante choza perdida en la montaña, en un nuevo mundo sin electricidad. Es fácil adivinar la moraleja del cuento. Podemos renunciar a todas las comodidades de nuestro tiempo, regresar a nuestros orígenes de autosubsistencia y convivir con la madre naturaleza. Mensaje ecologista que contrasta con el alegato provida de uno de los personajes. Una contradicción que termina por importarnos más bien poco. Into the forest es tan plana, tan tímida a la hora de aprovechar todo su potencial, que incluso sería más interesante sin la presencia de seres humanos. Para más inri, la cinta se estrenaba en un festival que patrocina Gas Natural Fenosa. El futuro es ver a las poderosas energéticas reconvertidas en fabricantes de mermelada casera.

Sitges 2015 (vol. I) | No sólo un fantastic fest

Acaba de sobrepasar su ecuador y el Festival de cine fantástico de Sitges ya ha demostrado que su oferta de 169 películas en tan sólo nueve días va mucho más allá del cine de género. Después de dar el pistoletazo de salida con la independiente ‘La bruja’, el certamen ya ha sido noticia por dar cobijo a todo tipo de propuestas. Desde BFace Magazine hemos querido degustar una pequeña selección de su variopinta oferta para dar fe que estos días Sitges es mucho más que la capital del terror. Es toda una grata experiencia para cinéfilos.


LA NOVIA, una preciosa reivindicación del amor en mayúsculas

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Comienzan a escasear. Los grandes dramas románticos, esas historias de amor en las que los sentimientos se llevan hasta sus últimas consecuencias, parecen una fórmula en vías de extinción. El romanticismo en su sentido más clásico, en su sentido más trascendental y trágico, es cosa del pasado, de otra época en la que los cuentos de hadas eran más un objetivo que una fantasía. Una época en la que la pasión se presuponía eterna. Por eso se agradece que en la era de las relaciones de quita y pon, una joven aragonesa decidiera dar vigor a una de las grandes obras de García Lorca y que lo hiciera, además, volcando todos los medios a su alcance en enfatizar los detalles más pequeños pero más intensos, como ese roce de manos entre la recién casada y el amor de su vida, esa caricia prohibida que emana chispazos de sufrimiento y deseo.

‘La novia’ es un ejercicio estilístico muy poco común en nuestros días, la maravillosa unión entre fotografía, banda sonora e interpretación que homenajea con absoluto respeto y admiración al autor granadino. Extrapola el texto teatral a una nueva dimensión cinematográfica en la que no hay ni un solo elemento dejado al azar. Quizá esa ambición preciosista, esa persecución constante de una belleza arrebatadora, es la que impide al espectador empatizar con tan trágicos acontecimientos con la misma intensidad que destilan cada plano, cada frase susurrando prodigiosos versos. Pero eso no le resta ni un sólo mérito a la directora. Ella no tiene la culpa de que la poesía, de que el arte más abstracto y evocador, haya sido desterrado de nuestras vidas, ninguneado por su consentido hermano menor. Ni de que el amor más intenso y desgarrador, el que ya no mueve montañas, se perciba en pantalla como lo más parecido a la ciencia ficción.


LOVE 3D, amor y sexo en toda su dimensión

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Llegaba precedida de una polémica campaña en la que, sin sutileza alguna, el semen era el absoluto protagonista. Imágenes burdas, con el único propósito de polemizar y llamar la atención en un mercado altamente competitivo. Sin duda hacían referencia a la explicitud de una película que no teme al sexo pero no hacían justicia a un Gaspar Noé con ganas de algo más que provocar. Y es que ‘Love’ quiere ser algo más que una cinta transgresora, sobre todo porque hace ya tiempo que una corrida en todo su esplendor dejó de ser novedad en la gran pantalla.

La primera escena, un plano fijo con una pareja masturbándose mutuamente, sin ningún tipo de censura, es una innecesaria declaración de intenciones. El cine debería tener asumido que el sexo forma parte de la vida cotidiana de su público, mucho más que la omnipresente violencia. En cambio, todo lo posterior, sobre todo la primera mitad, es una vibrante reflexión sobre las relaciones de pareja, sobre el imprevisible rumbo que puede adquirir lo que empezó en tan buen puerto.

La llegada de un trío a las vidas de Murphy y Electra desemboca en una espiral de decadencia a la que asistimos de polvo en polvo. La escena del propio ‘ménage a trois’ está rodada con absoluta elegancia, incluso ternura, alejada de todo mal gusto. Como exige uno de los propios personajes de la película, Gaspar Noé logra captar a la perfección la sexualidad sentimental. Lástima que la segunda mitad se adentre en la senda de la provocación y que finalmente uno termine aborreciendo tanto clítoris y tanto pene erecto. El 3D, por cierto, sólo se justifica por una sola escena y no hay que ser muy hábil para adivinar qué hazaña pide a gritos la tridimensionalidad. Sin duda, dará que hablar.


THE GIFT, el regalo previsible envuelto con giros de guión

thegift13Arranca como el típico ‘thriller’ de sobremesa. Un antiguo compañero de clase del protagonista aparece de improviso y se adentra lenta y peligrosamente en su matrimonio. La tragedia se ve venir, cocinada a fuego lento, consciente el espectador de que la fórmula obsesivo-compulsiva se acelerará frenéticamente en su segunda mitad. Pero la virtud de ‘The gift’, ópera primera del australiano Joel Edgerton, también en el papel de antagonista en la cinta, es precisamente la de volcar presupuestos y sorprender al espectador.

Porque la película da un vuelco a mitad del metraje y nos descubre verdades ocultas, trasfondos imprevistos en personajes impolutos, convirtiéndose en un elegante ‘thriller’ sumamente eficaz en la creación de un clímax asfixiante. La resolución, en cambio, vuelve al terreno conocido, el de la venganza. En vez de rematar el enfoque en torno a las falsas apariencias, decide unir las nuevas revelaciones con las antiguas. El resultado, aunque más convencional, no resulta menos efectivo.


VULCANIA, valiente pero tímida incursión del cine español

1444304951118Pocas producciones españolas se adentran en el complicado terreno de la ciencia ficción más realista, esa en la que no predominan los robots y la tecnología de última generación sino un universo costumbrista en un contexto hipotético e irreal. En el caso de ‘Vulcania’ se trata de una comunidad cerrada y dictatorial en la que el trabajo en una fundición de acero es lo único que dignifica a sus integrantes, adoctrinados mediante el discurso del miedo a lo desconocido y una falsa apariencia de libertad. ¿Os suena de algo?

La crítica es tan evidente que incluso se refuerza con la frase “ni siquiera sabríais ser libres”, por si a algún espectador despistado no le había quedado claro el mensaje. Todo lo valiente que es el debutante José Skaf recreando una atmósfera que tan pronto recuerda a ‘El bosque’ como a ‘Perdidos’ deja de serlo en cuanto decide reducir los momentos de tensión a su desenlace. Un enorme plantel de actores, encabezado por José Sacristán, Aura Garrido, Ana Wagener y un soberbio Ginés García Millán, queda desaprovechado por un planteamiento que finalmente no sabe explotar todo su potencial.


THE INVITATION, la fórmula Sitges perfecta

the-invitation-1Si existe una película que reúne todos los requisitos para triunfar en el Festival de Sitges esa es sin duda ‘The invitation’. Ambiente inquietante, trama sectaria, diálogos más o menos ingeniosos, algún atisbo de sentido del humor y, sobre todo, un sprint final de tensión y violencia detallista que hace las delicias de un público con ganas de carnaza. La directora Karyn Kusama tiene todos los números para situarse en el palmarés del certamen fantástico. Otra cosa es que su película sea redonda.

La premisa de ‘The invitation’ parecía interesante. Un ‘thriller’ que quiere reflexionar sobre los absurdos mecanismos que utilizamos los seres humanos para superar el dolor y la pérdida. Pero para eso ya contamos con la insuperable ‘The Leftovers’. Porque al final, la primera mitad de esta cinta pierde el tiempo de cháchara entre amigos que han sufrido la ausencia de un ser querido y no encuentra su ritmo, trepidante y desbocado, hasta un rompimiento de copas demasiado tardío. Compases contrapuestos que desembocan, eso sí, en una de las escenas finales más turbadoras del género.

Placeres culpables del cine de terror de serie B

Los amantes de los festivales y el cine de terror están de enhorabuena ya que esta semana arranca la edición número 48 del Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya. Durante nueve días se podrán ver un total de 169 largometrajes y cortometrajes, entre los que destacan As the Gods Will de Takashi Miike, Life de Anton Corbijn, Absolutely Anything de Terry Jones, o The Witch de Robert Eggers, película encargada de inaugurar el certamen.

El cine español tampoco faltará a la cita y estará presente en la sección ‘Nuevas Visiones’ con Anabel, dirigida por Antonio Trashorras, con Ana de Armas como protagonista, o El cadáver de Anna Fritz, de Héctor Hernández Vicens, protagonizada por Alba Ribas, y que se podrá ver dentro de la sección oficial.

Pero para aquellos que se consideren incondicionales del género del miedo, el grito y la sangre a cascoporro y no puedan permitirse el lujo de viajar hasta el encantador pueblecito costero de Sitges, o para aquellos que sí vayan ir y quieran empezar a calentar motores, hoy en BFace traemos una selección de cinco placeres culpables del cine de terror que aunque estén calificadas como películas de serie B tirando a malas, en realidad nos parecen tan buenas que no nos cansamos de ver, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

1. Braindead

Conocida en España como Tu madre se ha comido a mi perro, la película dirigida por Peter Jackson es un festín gore de zombies y sangre que provoca carcajadas y repugnancia a partes iguales. Con un guión repleto de humor negro y acción, en Braindead hay sitio para todo, especialmente para las muertes exageradas propias del cine de bajo presupuesto. Pese al olorcillo a cutrez, el film resulta brillante en su conjunto y es hoy una de las joyas del cine terrorífico de serie B.


 2. La sustancia maldita

The Stuff, o en español, La sustancia maldita, es una película de 1985 dirigida por Larry Cohen que cuenta la historia de dos mineros que descubren una sustancia similar al yogurt, que emana de la tierra. Al probarla y gustarles su sabor, deciden comercializarla bajo el nombre de ‘The Stuff’, pero lo que no saben es que, a parte de su sabroso sabor, la ‘cosa’ controla los cerebros de los consumidores y los convierte en zombies. La sustancia maldita es otra malísima creación del cine de terror ochentero, pero que con el tiempo se ha convertido en una indispensable para los amantes del género.


3. Sharknado

El argumento de Sharknado se resume así: un tornado escupe miles de tiburones sobre Los Angeles, que vuelan, saltan, aterrizan en las carreteras y se cuelan por las alcantarillas y en las casas.

Si una cosa extraordinaria consigue Anthony C. Ferrante con esta surrealista y delirante película es que los animalitos actuan mejor que los actores que conforman el cásting (ex-estrellas de Hollywood como Ian Ziering o Tara Reid). En cuanto al resto, el guión es penoso, los efectos digitales son lamentables y de baratillo, los fallos de raccord son constantes y la mayoría de escenas brillan por su esperpento.

Pero si Sharknado es en un placer culpable es porque los twitteros la hicieron Trending Topic al instante y la convirtieron en un must-see que ya va por la tercera entrega.


4. Plan 9

Dirigida per Ed Wood en 1959, Plan 9 es un film de bajísimo presupuesto y pocas ideas, donde unos alienígenas resucitan a los muertos como vampiros y zombies, con el fin de formar un ejército que luche contra los terrícolas y detenga a la humanidad, a la que consideran una amenaza para el universo.

La bizarra y entretenida Plan 9 del Espacio Exterior fue considerada la peor película de todos los tiempos, pero el boca a boca le hizo ganar espectadores y la encumbró como un básico en el videoclub personal de cualquier cinéfilo.


5. Poultrygeist: Night of the Chicken Dead

La productora Troma lanzó en 2006 esta sátira sobre el abuso empresarial y los restaurantes de comida rápida, donde los pollos fritos se convierten en zombies que atacan a las personas. Poultrygeist no es solo una película de terror, si no que es también una comedia y un musical, con un argumento demasiado suculento: la cadena de comida rápida especializada en pollo frito, American Chicken Bunker, abre un nuevo restaurante situado en un antiguo cementerio indio. Las cosas se complican cuando trabajadores y clientes empiezan a desaparecer. ¡Los indios se han cabreado por el maltrato a los pollos!

Para acabarlo de rematar, los participantes de esta producción lo hicieron como voluntarios y gran parte del atrezzo fue conseguido gracias a las donaciones de otros estudios.

El film de Lloyd Kaufman es algo desigual pero cuenta con el ingrediente esencial: es 100% disfrutable.

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