¿Quién quiere ser una Spice Girl?

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Hace justo veinte años que la risa diabólica de Geri Halliwell daba comienzo a un absoluto huracán pop que revolucionaría, literalmente, el mundo de la música, del márketing, de los zapatos de plataforma, de los chándales Umbro y, básicamente, del universo.

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Wannabe era el disparo al aire de algo que no se ha vuelto a repetir; una girlband en la que cinco personalidades como torbellinos se valían las unas de las otras para crear un verdadero monstruo, un Megazord pop en el que cada una de sus piernas se convirtió en imprescindible.


(Literalmente, uno de los videoclips más guays de la historia)

Y es que la magia, ese suceso que se dio con las Spice Girls es que cada una personificó un estereotipo con el que identificarse; la pija, la inocente, la localcoño, la myfitnesspal y la de Huesca. Se dejaba de denostar o de reírse de la feminidad, el «Girl power!» era (y es) toda una celebración de todos aquellos rasgos que a lo largo de siglos se han intentado menospreciar de las mujeres («¡es demasiado vanidosa!», «¡viste como una zorra!», «¡grita demasiado!»). Pero quitando la tesis sociológica, que no os quiero aburrir, hicieron que cualquier mujer (y hombres) del planeta se sintiera representada.

Pero, si bien, ahora cualquiera podía ser la Spice Bebé de su grupo, ¿puede cualquiera ser… Emma? Estamos de acuerdo que son estereotipos, que son «conceptos» abstractos para que cualquier persona pueda vestirlos, pero si bien cualquiera puede comprárselo todo en Adidas y tatuarse cruces en los brazos, creo que Sporty siempre será Mel C.

Ya desde el año pasado se vino rumoreando el querer celebrar el 20 aniversario de Wannabe de alguna manera, pero dos chicas picantes se bajaron del carro. De manera respetable. Victoria hace tiempo que dejó de querer ser cantante y le va fenomenal como diseñadora de moda (y es de alabar lo lejos que ha llegado tras ser considerada, al principio, una broma), pero la sorpresa la daba Mel C, que prefería cerrar el libro de Sporty y así no estropear el recuerdo, y centrarse en su carrera en solitario.

Y razón no le falta a la muchacha. Ya cuando Geri históricamente dejó a las Spice Girls, sufrieron un gran golpe y se notó la diferencia en la pérdida de rumbo del grupo. Y cuando Mel B, Emma y la oscense se presentaron como ‘GEM’ para anunciar que tramaban algo — bueno. Ew.

Justo hoy saltaba la noticia de que podrían estar preparando un reality show en la BBC para buscar a las nuevas Sporty y Posh. Y aunque creemos que Victoria y Melanie C son, francamente, irremplazables (to the left, to the left), no queremos pecar de aguafiestas y os hemos traído nuestras propuestas para suplir a las ex-picantes. ¡Zig-a-zig-ah!


Sporty Spice

Características: Ser un poco machorra. En el mejor sentido de la palabra. ¡Vivan las chicas «masculinas»! Fanática de los chándals, de saltar mucho, de los coleteros y de subir fotos de #instarunner. Como dato extra, Mel C fue indiscutiblemente la mejor voz de las Spice Girls, así que cuidadito.

Candidatas:


01. Rita Orabf_spice_sporty_01_rita

No nos andemos con chiquitas; odio a Rita Ora. Es un odio bastante irracional, porque tampoco es que la muchacha haya hecho nada como para ello. Tiene el mejor equipo de managers de la historia, eso sí, gracias a los cuales está en absolutamente todos los fregaos sin, realmente, haber hecho demasiado en la música. Pero tiene vozarrón y es aficionada a los chándales.


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02. Cher Lloyd

¿Dónde está esta chica? Ha sido una de las concursantes más guay del X Factor británico, y sacó un par de discos bastante decentes. Hace poco sacó un single comeback que, sin más, la verdad. Y Cher se merece más, mucho más que el que la vendan como Demi Lovato Deliplus. Además, sus raíces chonis chandaleras nunca la abandonarán y son las que la hacen maravillosa.


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03. La Pelopony

Ahora que ha acabado con su álbum/sucesión mágico-fantástica-interminable de singles, la diva de la coleta y el zumba fitness cañí podría tener un hueco en la agenda que rellenar supliendo a Mel y su diente dorado.


Posh Spice

Características: Ser pijísima. En serio. Muchísimo. Fascinantemente pija. Que le encante la moda, ser un poco señora y sonreír lo mínimo. Tradicionalmente se ha dicho que no cantes, Victoria, de cantar, poco, pero yo soy defensor de su voz (a sabiendas que es una voz débil, pero cuyo timbre es necesario para las armonías) y de toda ella, porque la quiero mucho.

Candidatas:


01. Nicola Robertsbf_spice_posh_01_nicola_roberts

Ex-miembra de la otra mejor girlband de la historia Sugababes The Saturdays Girls Aloud, reina de la miseria, de cantar con cara de triste, de la moda, de cantar con voz de cabra y de ser bastante miserias y Calimero «nadie-me-quiere» en general. Es fantástica. Y si aún no habéis escuchado su álbum en solitario, ya podéis espabilar.


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02. Adele

BOOM. ¿Qué sería más irónico que suplir a alguien con infames dotes vocales que Adele? Ella es más señora que nadie, muy de vestir de funeral para bajar a por el pan y de cardarse el pelo como si fuera una Campos más. Y es bien conocido lo fan que es de las Spice Girls, ¿a que ya no es tan descabellado?


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03. Kim Kardashian

Y si nos vamos justo al otro extremo de Adele y nos centramos en su faceta de «ser famosa sin más»/fashionista, quién mejor que la magnate de las selfies y las apps de móvil Kim Kardashian. Además, que Kim no es extraña al mundo de la música, pero si le diera cosita cantar en directo, siempre podría hacer como Victoria en el tour de 2007 y simplemente modelar por una pasarela.


¡Si es que no es tan difícil, BBC! Pero imagino que apetece más sacar tajada todo lo posible, aunque se lleve por delante o encutrezca un maravilloso recuerdo. ¡Dejad en paz la memoria de las Spice Girls!

Sitges 2015 (vol. II) | Palmarés fantástico para una oferta universal

Dos películas 100% Sitges se han alzado finalmente con los máximos galardones de un certamen fantástico que el año pasado decidió premiar a la excelente Orígenes, una obra menos unánime para el público de este festival. Tras el visionado de The invitation, la platea lo dejó bien claro. Ganadora del premio gordo, era la cinta perfecta para unos espectadores que buscan humor macabro, misterio y un reguero de muertes. Lo mismo ocurría con la ochentera y petarda The final girls, Premio Especial del Jurado, homenajeando al género slasher con una brillante y satírica vuelta de tuerca al género. No son las mejores películas que han pasado este año por Sitges, pero sin duda son las más acordes con su filosofía. Un repaso a su segunda mitad vuelve a dar fe de que el festival sigue siendo parada obligatoria para todo cinéfilo.


YOUTH, la gran vejez

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¿Cuándo nos hacemos viejos? ¿En qué momento empezamos a observar el mundo a larga distancia? ¿Son los años los que marcan el inicio de la cuenta atrás? Paolo Sorrentino ha querido reflexionar en su nueva película sobre la vejez y lo ha hecho siguiendo la alargada sombra de La gran belleza, persiguiendo su estética hipnótica, su extravagante mezcla de sofisticación y sordidez, pero con una notable diferencia: derrochando un inesperado humor británico.

Que Youth es una producción italiana lo captamos por el inconfundible estilo de su director, por esos travellings embaucadores que nos descubren a paso muy lento una puesta en escena surreal y chocante. Pero a ese sello innegable de Sorrentino, que aquí se impregna con menor esplendor que en La gran belleza, se le unen ahora brillantes diálogos plagados de fina ironía y que en boca de dos astros como Michael Kaine y Harvey Keitel se convierten en todo un disfrute.

Un compositor jubilado y un director de cine en busca de su testamento cinematográfico observan su entorno desmoronado desde la tranquilidad y la despreocupación que brindan los años. Una amistad entrañable que perdura a golpe de sarcasmo y mofas en torno a las inclemencias prostáticas y otros traumas de la vejez. Aunque si algo se concluye de esta paradójica juventud de Sorrentino es que hay vidas que se marchitan mucho antes de la jubilación. Vidas sin rumbo que confluyen en un hotel decadente de los Alpes, un sanatorio de lujo para almas en pena, y que consolidan al director italiano como el mejor retratista de la frivolidad.


Macbeth, una adaptación total

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Adaptar a Shakespeare debe ser lo más parecido a un marrón de proporciones épicas para un director de cine. ¿Cómo extrapolarlo a la gran pantalla sin ofender a los salvaguardas de tan magnánima obra? Muchos optaron por el escudo de la versión libre, léase Luhrmann o más recientemente Joss Whedon, pero pocos han tenido el coraje de rendirle fidelidad al espíritu del texto original con tan poca experiencia a sus espaldas como la que tenía el australiano Justin Kurzel antes de asumir tan temible reto.

El director no sólo supera el desafío con sobrada solvencia. Deja para la historia la adaptación total de Macbeth, una traslación casi definitiva que bendito aquél que ose querer rebasarla. Dificilísimo lo tendría para encontrar un binomio tan perfecto entre paisaje y fotografía, fundidos mediante una neblina y un cromatismo arrebatadores, asfixiantes, a la altura de una historia de ambición y poder que conduce a la tragedia teñida en sangre. Cuasi imposible captar de nuevo, con tanto rigor, con tanta eficacia, el obsesivo y peligroso bucle del protagonista por alcanzar su profético destino. Pero, sobre todo, ardua tarea la del pobre desdichado que quiera encontrar sustitutos para una sibilina Cotillard y un poderoso Fassbender. Ellos son, sin duda, los Macbeth perfectos.


Victoria, esclava del plano secuencia

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Comienza a aburrir. Que el continente se trague al contenido para convertirse en el reclamo de una película es una tendencia preocupante. Es la senda que ha seguido Victoria para captar nuestra atención. 140 minutos de filme en un solo plano secuencia.  La cámara no descansa. Se adentra en discotecas, ascensores, cafeterías. Nos sumerge en persecuciones, huidas en coche, tiroteos. Todo en una sola noche. Un mérito incuestionable para el director y un milagro de la técnica. Sin duda. Pero cabe preguntarse qué habría sido de la cinta sin su revestimiento. Porque esta juerga nocturna entre una joven española y un grupo de chicos berlineses en realidad tiene muy poco que contar. 

Nos dijeron que Victoria era un thriller -apasionante, añadieron algunos-, que la noche se complicaría para estos jóvenes con un atraco de imprevisibles consecuencias. Pero hasta que llega la acción pasan prácticamente 60 minutos. Una interminable hora en la que pides a gritos que suceda el milagro. Y cuando llega, tampoco es para tanto. Una huida hacia adelante con escasas sorpresas, salvo quizá la osadía de la actriz catalana Laia Costa de convertirse en el eje sobre el que orbita el famoso plano secuencia.  La sensación final es que el señuelo de Victoria también se convierte en su principal escollo. Porque a esta supuesta originalidad sólo la salva una potente apuesta visual que nos haga olvidar su vacío argumental.


Into the forest, ecologismo hueco en la era de internet

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Las películas que cierran el Festival de Sitges suelen ser obras notables del género fantástico. Ocupan ese privilegiado lugar en su programación porque contienen la dosis de expectación suficiente como para convertirse en un broche de oro para el certamen. Por ahí pasaron en su momento Looper o The sacrament, grandes representantes, respectivamente, de la ciencia ficción y del ‘thriller’ sectario. Este año, sin embargo, la elección ha sido más desafortunada. Into the forest podría pertenecer al subgénero postapocalíptico, al suspense, al terror, al gore, pero no encaja en ninguno de ellos simplemente por su poca capacidad para superar el drama de sobremesa con tintes panfletarios.

Ellen Page y Evan Rachel Wood, con la participación especial de Max Minghella, interpretan a dos hermanas y un padre que deben aprender a sobrevivir, aislados en una impresionante choza perdida en la montaña, en un nuevo mundo sin electricidad. Es fácil adivinar la moraleja del cuento. Podemos renunciar a todas las comodidades de nuestro tiempo, regresar a nuestros orígenes de autosubsistencia y convivir con la madre naturaleza. Mensaje ecologista que contrasta con el alegato provida de uno de los personajes. Una contradicción que termina por importarnos más bien poco. Into the forest es tan plana, tan tímida a la hora de aprovechar todo su potencial, que incluso sería más interesante sin la presencia de seres humanos. Para más inri, la cinta se estrenaba en un festival que patrocina Gas Natural Fenosa. El futuro es ver a las poderosas energéticas reconvertidas en fabricantes de mermelada casera.

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