Crítica: «Techo y comida» | Triste, pero cierta

Qué dura es en ocasiones la realidad, y qué difícil es llevarla a la ficción. Y más aún si nos detenemos a pensar en la sensatez, realismo y frialdad con los que Juan Miguel del Castillo la ha plasmado en ‘Techo y comida’. Una película que no necesita un principio, nudo y desenlace al uso para desgarrar por completo al espectador y que consigue volcar grandes cantidades de verdad en sus escenas. Una dosis de cine social para callar las voces hipócritas, narrando en primera persona los duros obstáculos que supone la crisis que aún vivimos y algunos no parecen recordar.

‘Techo y comida’ consigue, por momentos, transformar su trama en un auténtico documental, labor que no sería posible sin la magnífica interpretación de Natalia de Molina, que inspira empatía en cada una de sus frases. Una digna nominación al Goya para una actriz que cautiva poco a poco en cada uno de sus proyectos. Sería a su vez injusto no destacar la colaboración del joven actor Jaime López, que aporta una naturalidad esencial para el correcto desarrollo del guion.

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Y es ese sobrio realismo de la cinta lo que hace que la misma brille por su crudeza y cercanía.  Del Castillo logra relatar momentos de alegría y euforia combinados con la más absoluta miseria y desesperación, enganchando al espectador y haciendo que sea partícipe de esta historia que, en cierto modo, a todos nos toca más o menos de cerca.

Se trata, por tanto, de un filme sin adornos ni dramatismos innecesarios, que consigue tocar por sí mismo, por su propio argumento y por la excelencia en la interpretación de sus personajes. Un proyecto necesario que da voz a las miles de historias reales de familias españolas que, día tras día, deben enfrentarse a esta triste pero cierta realidad.

¿Cuánto sabes de los nominados a los Goya 2016?

A tan solo dos días de los Goya, ya deberíamos tener todos nuestro esmoquin o vestido, la hora en la peluquería y el discurso bien preparadito por si acaso, no vayan a decir tu nombre y te quedes mirando el tendido o balbuceando como la Coixet (ella puede, tú no).

Para superar estos nervios de última hora, hemos preparado un divertido test en el que queremos probar vuestros conocimientos sobre los nominados de este año. Hay preguntas más fáciles, otras más difíciles y otras que ni nosotros sabíamos y hemos tenido que buscar a conciencia (esas van para nota). Como es la trigésima edición, hemos reunido treinta cuestiones (mira tú, qué bien llevado todo).

Así que, haya vamos, sin más dilación. ¡No se te olvide compartir tu resultado con nosotros una vez lo hayas finalizado!

Crítica: ‘Un día perfecto’ | Los usos de la cuerda

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El regreso de Fernando León de Aranoa cuenta con suficientes ingredientes atractivos como para tenerle ganas a Un día perfecto, película sobre la guerra de los balcanes coral, liderada por dos grandes talentos (y carismas): Benicio del Toro y Tim Robbins. Y que además cuenta con el diestro director de fotografía Alex Catalán.

El comienzo de Un día perfecto es frío, un tanto anticlimático, el de un país exhausto por el conflicto. Y eso te confunde, empiezas a pensar que la historia necesita situaciones más hostiles, más explosivas, más drama, más horror. Pero la película avanza y los personajes crecen. Entonces tocas tierra y empiezas a entender la ironía de los protagonistas, esa ironía ingeniosa del que se ríe de la mala fortuna o las derrotas propias.

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Tenemos la guerra tan vista y tan coreografiada que es mucho más real a través del humor o de pequeños detalles, que de mostrar grandes atrocidades. En ese sentido consigue dar la vuelta a la tortilla: quieres saber si van a conseguir encontrar la cuerda, qué va a pasar con el balón, por donde van a bordear a la vaca. Y todos esos detalles pegados a la tierra son los que te están mostrando la guerra, sin disparos, sin sangre y sin lágrimas. El dominio del subtexto de las pequeñas cosas acaba siendo demoledor.

Entre tanta virtud, una peca: la edición musical es un tanto desconcertante. Si sólo acompañase al histriónico personaje de Tim Robbins, pudiera haberse justificado como un peculiar leitmotiv para sus momentos de outsider, pero no es el caso. Es más un tracklist de temazos rockeros metidos de forma arbitraria.

En cualquier caso, «Un día perfecto» merece halagos y atención, porque es buen cine español, porque consigue ser diferente y porque renuncia a la brocha gorda en un escenario propicio para la misma.

Crítica: ‘El desconocido’ | Adrenalina en vena

No voy a negar la realidad: cuando iba a ver la película pensaba “ver esta película ahora; qué pereza”. En qué momento de mi vida se me pasó por la cabeza pensar algo así. En-qué-momento. Pregunto.

La historia transcurre en el coche de Carlos, un ejecutivo bancario que, tras subirse a su vehículo como un día cualquiera para llevar a sus hijos al colegio, recibe una llamada de una amable persona que le comunica que si cualquiera de los que está en el coche se levanta explotará una bomba. Hasta ahí todo más o menos bien -dentro de lo que cabe, claro-. Si te lo cuentan así, pensarás que es lo típico de siempre; pero, juro solemnemente que no.

El filme te cautiva, te atrapa, te enamora, te todo, vamos. Igual es la actuación de Luis Tosar -la actuación o, simplemente, su presencia, porque solo con verlo a él estaremos hablando, seguramente, de un peliculón-, la tensión que vives desde el minuto uno en el que no entiendes nada y quieres saber qué demonios está pasando y por qué quieren hacer volar a este hombre, con la cara de buena persona que tiene.

Y, ojo cuidado, pobre del que se olvide de Paula del Río, hija en la ficción del protagonista. Puedes empezar odiando a la niña, no lo vamos a negar, pero, a medida que va avanzando la trama, va adquiriendo un peso y una relevancia en la historia que, al final, consigue que la acabes queriendo muy fuerte. No tiene nada que envidiar a actores que le doblan la edad, de verdad.

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Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez y Goya Toledo dan sus pequeñas y grandes pinceladas para conseguir completar el reparto de esta maravillosa película.

No podemos olvidar a Dani de la Torre, debutante como director, que con unos movimientos de cámara muy sutiles a la vez que dinámicos -ya que yo, personalmente, odio los movimientos de cámara bruscos que marean- logra que el montaje sea muy limpio visualmente. Eh, que grabar una película por toda una ciudad, dentro de un coche, siendo perseguido por la policía y un millón de cosas más que no spoilearé, tiene un mérito muy grande.

Puede que el guion no sea el mejor que nos podemos echar a la cara; pero, oye, que, desde mi punto de vista, está más que compensado con el resto.

En fin, que si tuviese que volver atrás pensaría: “ver esta película, ahora y mil veces más, por favor”. Para que luego haya gente que tenga el valor de decir que el cine español no es bueno. Hasta nunqui a todos ellos.

¿Con qué actor/actriz nominado al Goya tendrías la cita perfecta?

San Valentín está al caer. Y a diferencia de otros años en los que Cupido pareció tener atrofiada esa capacidad que dicen que tiene para repartir amor a diestro y siniestro, este año apunta fuerte. El amor mediático llama a nuestras puertas y lo hace en forma de test. Se acabaron esos días grises y oscuros de soledad. Se acabaron las cajas de pañuelos repletos de mocos por culpa de la persona que nos gusta y no nos quiere. Ya no habrá más tardes en las que lloremos desconsoladamente en el sofá cual Bridget Jones porque nadie nos ama. Ahora nos toca brillar como accesorio ideal de photocall. Todos merecemos deslumbrar al lado de una pareja ilustre, y qué mejor momento para estrenarnos que en los próximos premios Goya.

¿Le robarás la novia a Bardem y serás portada de las revistas hollywoodienses como la nueva pareja de Pe? ¿Causarás revuelo al hacer ver a la prensa que lo de Álex García y Manuela Vellés no era nada y que ahora eres tú el/la que ocupa el corazoncito del actor? Venga, chicos/as, que si nos apuramos, aún podemos conseguirlo.

Crítica: ‘A cambio de nada’ | Libre, libre quiero ser

Tengo cierta debilidad por las historias de adolescentes, en particular, las tristes: aquéllas que nos acercan a problemas reales que cualquiera podríamos haber vivido durante ese periodo de tiempo de nuestras vidas. La última que más me había gustado había sido ‘A escondidas’, de Mikel Rueda, una mezcla de cine social y romántico que me cautivo por completo por lo bien que aborda un tema controvertido y la frescura de las interpretaciones protagonistas. Pero la película que hoy nos atañe es distinta y no por ello menos maravillosa.

La ópera prima de Daniel Guzmán respira viveza por todas partes: desde los personajes protagonistas, fantásticos, hasta todas esas pequeñas anécdotas que siembran la trama con pequeños y divertidos gags (como el de la discoteca, por ejemplo). Al mismo tiempo que nos divierte, ‘A cambio de nada’ nos transmite una sensación de tristeza por una situación complicada y por un personaje por el que sentimos empatía desde el primer minuto: el joven Miguel Herrán es todo un talento a descubrir y eso que es su primera vez delante de las cámaras. Toda una proeza.

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Centrándonos en la historia, sí es cierto que habrá quien llegue a sentir que ‘A cambio de nada’ no cuenta nada nuevo pero son en los pequeños matices donde la película brilla y se convierte en algo único: la relación de amor-odio entre los protagonistas, muy conseguida, con una química perfecta entre ambos; el personaje de Antonia Guzmán, también principiante en esto de la actuación pero que consigue evocarnos a esa figura matriarcal que todos hemos tenido; y la crítica a la sociedad y a la educación, que no llega a explotar hasta el tramo final, pero que se mantiene en la superficie durante toda la película, como un ligero leitmotiv que tiñe todo levemente.

Su presencia en los Goya es más que merecida. Parece indudable que Guzmán se alzará con el galardón como Mejor Director Novel después de conseguir colar la película en la terna de Mejor cinta del año pero ojalá también veamos a Herrán subir la escalinata y levantar el cabezón a Mejor Actor Revelación. Y no sólo eso, que le podamos seguir viendo durante muchos años en el cine y en la televisión porque tanto él como su compañero Antonio Bachiller son, de lejos, los mejores actores noveles jóvenes (Colomo, lo tuyo es de traca) que han aparecido en nuestro cine: cuánta verdad, cuánto talento.

‘A cambio de nada’ es una de las películas que hacen del 2015 un gran año para el cine español. Es un cine social necesario, un retrato de una gran sector de la adolescencia actual en nuestro país: todos hemos conocido a alguien como Darío o como Luismi y cómo la vida no les ha tratado todo lo bien que debería. Gran debut de Guzmán, sin duda alguna.

Goya a los actores revelación: ¿trampolín o caída libre?

La Academia los incorporó en 1994 para dar visibilidad a los nuevos rostros del cine español, como una nueva oportunidad para que los recién llegados no tuvieran que competir cara a cara con los rostros consolidados de nuestro cine. Pero lo cierto es que el Goya al mejor actor o actriz revelación no siempre ha supuesto un espaldarazo para los que lograron el cabezón por una categoría que a veces pronostica una carrera imparable pero que en otras ocasiones supone prácticamente el punto y final para aquellas promesas incumplidas que logran alcanzarla. Este año, Miguel Herrán, por A cambio de nada, y Yordanka Ariosa, por El rey de La Habana, parten como favoritos para convertirse en los intérpretes revelación del año, pero el tiempo dirá si tan merecido reconocimiento relanza sus trayectorias o los introduce de lleno en el baúl de los recuerdos. A continuación, algunos ejemplos de actores y actrices cuyo Goya revelación les ha conducido por caminos radicalmente opuestos, el estrellato o el descalabro.


Goya revelación hacia el triunfo


Santiago Segura, por El día de la bestia

Santiago Segura El día de la bestiaEs el caso más excepcional de esta lista, con una trayectoria ascendente de lo más polifacética y rentable. Aunque su carrera como actor se remonta a 1989, el Goya al actor revelación que le brindó su papel de José Mari en El día de la bestia en el año 1996 marcó un punto y aparte a partir del cual se convirtió en un rostro imprescindible del cine y la televisión de nuestro país. Tres años más tarde, en 1999, se alzó con el Goya al mejor director novel por una saga, Torrente, que es la que le ha brindado sus mayores éxitos como productor. Su peculiar forma de promoción le asegura un hueco prácticamente perpetuo en los programas televisivos de entretenimiento, que, a pesar de las antipatías que despierta en una pequeña parcela del público, se lo siguen rifando para remontar las audiencias.


María Valverde, por La flaqueza del bolchevique

María Valverde La flaqueza del bolcheviqueHa protagonizado junto a Mario Casas la saga adolescente superventas de nuestro país, Tres metros sobre el cielo, y ha formado parte del reparto de una película de Ridley Scott, Exodus: Dioses y reyes. Por si fuera poco, estará presente en uno de los próximos proyectos más ambiciosos del cine español, Gernika, después de haber pasado por la comedia (Ahora o nunca, junto a Dani Rovira), la televisión (Hermanos y La fuga) y otras producciones internacionales. Todo ello le ha llegado a esta madrileña a punto de alcanzar la treintena tras debutar como actriz en La flaqueza del bolchevique, en la que Manuel Martín Cuenca la seleccionó entre más de 3.000 aspirantes para llevarla directamente al Goya a la mejor actriz revelación en 2004 con tan sólo 16 años.


Belén Rueda, por Mar adentro

Belén Rueda Mar adentroRostro televisivo imprescindible de los años 90, de la mano de Emilio Aragón, la eterna Clara de Médico de familia y de Periodistas debutó en el cine por la puerta grande, con un papel en la cuarta cinta de Alejandro Amenábar, Mar adentro, que le reportó el Goya a la mejor actriz revelación en 2005. A partir de entonces se ha convertido en la musa del cine de género en nuestro país, escogiendo muy bien sus papeles con directores debutantes que han sabido convertirla en la estrella de la película (El orfanato, Los ojos de Julia, El cuerpo). Aunque ha alternado con desigual fortuna sus papeles en cine y televisión, lo cierto es que nunca le ha faltado trabajo. Actualmente rueda en Medellín junto a Clara Lago y Álex González la ópera prima de Hatem Khraiche, Órbita 9.


Quim Gutiérrez, por AzulOscuroCasiNegro

Quim Gutiérrez AzuloscurocasinegroYa era una cara bien conocida en Catalunya, desde que debutara con tan sólo doce años en el primer culebrón de sobremesa de TV3, Poblenou, y lo encadenara con otras exitosas series como Rosa y El cor de la ciutat. Pero en 2007 dio el salto al ruedo español con Daniel Sánchez Arévalo y su brillante ópera prima Azuloscurocasinegro. Desde ese instante, ambos con un Goya bajo el brazo (el director como novel y el actor como revelación), formaron un tándem en nuestro cine que los ha llevado a colaborar en otras dos ocasiones (Primos y La gran familia española). Además de su don para la interpretación, sobre todo en un género tan complicado como la comedia (el ejemplo más reciente lo encontramos en Anacleto), Quim Gutiérrez se ha convertido en todo un icono de moda, protagonizando algunas de las campañas publicitarias más destacadas de nuestro país.


Natalia de Molina, por Vivir es fácil con los ojos cerrados

Natalia de molina Vivir es fácil con los ojos cerradosPrueba de que su Goya a la mejor actriz revelación en 2014 fue de lo más visionario es que tan sólo dos años más tarde, este próximo sábado, parte como favorita a mejor actriz principal por Techo y comida. Desde que debutara aquel año en Vivir es fácil con los ojos cerrados, esta joven jienense de tan sólo 25 años ha sabido aprovechar muy bien su tiempo, encadenando varios proyectos en cine con su papel en la serie de Antena 3 Bajo sospecha. Para este 2016 ya tiene dos proyectos en cola: las comedias Kiki, el amor se hace, de Paco León, y Los del túnel, del debutante Pepón Montero.


Goya revelación hacia el olvido


Ruth Gabriel, por Días contados

Ruth Gabriel Días contadosCon su papel de Charo en Días contados se convirtió en la primera actriz en lograr el Goya revelación. Incluso estuvo nominada también a mejor actriz principal por el mismo papel. Corría el año 1995 y la cinta de Imanol Uribe sobre la banda terrorista ETA arrasó en la ceremonia con ocho galardones. 20 años más tarde, ¿qué ha sido de Ruth Gabriel? Su prometedora carrera quedó diluida con el paso del tiempo, de ser una actriz con una gran proyección hoy sus papeles se han convertido en secundarios de películas y series con escasa repercusión. Su última actuación destacable fue como Flor en la serie Bandolera.


Andoni Erburu, por Secretos del corazón

Andoni Erburu Secretos del corazónNos conquistó a todos con su papel coprotatonista en Secretos del corazón, de Montxo Armendáriz, recogió su Goya al mejor actor revelación en 1998 con sólo diez años, pero terminó abandonando el mundo de la actuación. Aunque volvió a trabajar con el director navarro en 2001, en Silencio roto, esta jovencísima promesa se retiró por completo del panorama audiovisual para centrarse en sus estudios. Años más tarde confesó en una entrevista: «me sentía agobiado, me llegó todo muy de repente. Lo dejé todo, y no tengo intención de retomarlo».


Micaela Narváez, por Princesas

Micaela Narváez PrincesasSi te he visto no me acuerdo. Su carrera como actriz sí que se ciñe única y exclusivamente a su papel como prostituta puertorriqueña en la cinta de Fernando León de Aranoa Princesas y por el que obtuvo el Goya revelación. El director la descubrió trabajando en un restaurante de Nueva York como camarera, cuando ya tenía la edad de 32 años y ninguna relación profesional con el mundo del cine. El galardón que logró junto a su compañera de reparto Candela Peña le sirvió de bien poco. Hoy reside en Londres sin ninguna otra interpretación conocida.


Nerea Camacho, por Camino

Nerea Camacho CaminoUno de los casos más extraños de trayectorias dispersas. De protagonizar una de las mejores películas del cine español, encarnando con maestría el calvario de Alexia González-Barros en Camino, una de esas cintas milagro que se alzó con 6 Goya, incluido el suyo a la mejor actriz revelación, a convertirse actualmente en la reina del culebrón colombiano La esclava blanca. La suerte no le ha sonreído demasiado desde que Javier Fesser la seleccionara entre 5.000 candidatas. Aunque desde aquél 2009 rodó la fantástica Héroes, participó en Tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti y estuvo presente en series como Los protegidos o El barco, su rosto no ha terminado de cuajar entre los espectadores de nuestro país.


Francesc Colomer y Marina Comas, por Pa negre

Francesc Colomer Marina Comas Pa negreFueron los últimos galardonados menores de 16 años con un Goya. A partir de 2011, cuando ambos subieron al escenario para recoger la estatuilla por su interpretación en Pa negre, la Academia decidió excluir a los menores de esa edad de los premios cinematográficos “para proteger al menor”, según palabras de su presidente por aquél entonces, Enrique González Macho. El tiempo termina dando la razón y lo cierto es que pocos niños prodigio de la interpretación terminan desarrollando grandes carreras a largo plazo. Francesc Colomer y Marina Comas debutaron ambos de la mano de Agustí Villaronga y, aunque todavía es pronto para pronósticos, sus carreras permanecen ancladas en papeles secundarios dentro de producciones catalanas.


Goya hacia no se sabe dónde


Paz Vega actriz revelaciónMás allá de actores y actrices que han salido claramente beneficiados o perjudicados tras su Goya revelación, lo cierto es que existe un punto intermedio en el que, a diferentes niveles, permanecen buena parte de los premiados en esa categoría. ¿Qué ha sido de Tamar Novas, galardonado junto a Belén Rueda por Mar adentro? ¿En qué punto se encuentran Fele Martínez, revelación en 1997 por Tesis, e Ingrid Rubio, también ese mismo año por Más allá del jardín? ¿Cuánto hace que no sabemos nada de Juan José “El Bola” Ballesta? ¿Podemos considerar un éxito la carrera de Paz Vega desde que en 2002 obtuviera su Goya revelación por Lucía y el sexo? Sus merecidas estatuillas sirvieron como reconocimiento para papeles memorables, les aseguraron un hueco en la historia de nuestro cine y dentro de la profesión, pero no predijeron necesariamente una carrera meteórica. Está visto que en el cine eso es fortuna de muy pocos.

Entrevista | Leticia Dolera: «El mejor sitio para encajar está dentro de nosotros»

Fotografía de Leticia Dolera

Un tono, otro tono, otro tono más… Espero al otro lado del teléfono con la Intro de The XX cuando surge la voz de Leticia Dolera, cariñosa y agradable como cada vez que me atiende, porque no es la primera. Pensará que soy un pesado, aunque es posible que no se acuerde de mí. Yo de ella sí: la vi haciendo de novia asesina de infectados, en el suburbano de Barcelona por un apocalipsis de agorafobia o de adolescente quinqui y bisexual. Pero no parecía ser suficiente y se animó a escribir, dirigir y protagonizar su primera película, Requisitos para ser una persona normal, que ha enamorado a público y crítica por igual por su ternura, su originalidad, su colorido y su optimismo para recordarnos la importancia de ser uno mismo, querernos, saber quiénes somos y saber qué queremos. Algo ha debido funcionar, porque está nominada a tres premios Goya por Mejor dirección novel, Mejor montaje y Mejor actor revelación.

Desde el estreno de ‘Requisitos para ser una persona normal’ ha tenido que ser todo una locura, ¿no?

Sí, pero una locura bonita. Lo malo sería que no nos hubieran hecho caso desde los medios y que la gente no se hubiera enterado de la existencia de la película. Pero ha sido muy bonito, ha significado el compartir la obra con el público, ya que al final para eso hacemos películas. Las películas cobran sentido cuando las personas las ven, porque es otra manera de comunicarte con los seres humanos. Estoy muy feliz, además, de que haya habido esta respuesta por parte de crítica y de público.

Es difícil que espectadores y críticos nos pongamos de acuerdo…

Sí, la verdad, pero en todos los coloquios en los que he estado tengo la sensación de que la película conecta con una parte muy bonita de cada persona. Y eso me hace muy feliz.

«Como no sabía que era imposible, lo hice»

¿Cómo surgió la idea de hacer Requisitos?

Pues mira, te cuento. Había hecho tres cortometrajes y una web serie, que se llama Bloguera en construcción, y me puse a escribir una nueva historia. De manera natural me di cuenta que no estaba trabajando en un corto, sino que necesitaba más minutos y más páginas que con mis cortos anteriores. Realmente, me estaba enfrentando a la escritura de un largometraje, así que me animé y mi buen amigo Luiso Berdejo, en mi Moleskine donde empecé el proyecto, escribió “como no sabía que era imposible, lo hice”. Y ese fue mi lema durante todo el proceso.

La película, y esto lo he contado mucho durante la promoción, surge de una sensación que yo siempre he tenido de no encajar, pero creo que todo el mundo la ha tenido en su vida. Por el tipo de educación que recibimos, desde pequeños nos enseñan que tenemos que encajar en los cánones que la sociedad nos marca. Y por el camino se olvida que el mejor sitio para encajar está dentro de nosotros. Y para ello tenemos primero que saber quiénes somos y qué queremos.

La verdad es que todo lo que rodea a ‘Requisitos para ser una persona normal’ es bonito, es indie, es bastante colorido. ¿Cuáles son tus referencias para haberla creado?

En el momento de escritura del guión, me hice un repaso de todo el cine de Woody Allen como Annie Hall, Siempre Alice, Cuando Harry encontró a Sally o La boda de Muriel. El espíritu de esas películas y el tono me resultaban muy inspirado para trabajar en Requisitos. A nivel formal, mis referentes han sido películas que me gustan como Juno, 500 días juntos o el cine de Miranda July o las películas de Valeria Bruni-Tedeschi, que son mujeres que son también actrices que escriben y dirigen sus propias películas. Era como un espejo en el que mirarme.

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¿Cómo ha sido ponerte detrás de las cámaras en tu primer largometraje y, al mismo tiempo, escribir y actuar?

Ha sido novedoso porque era mi primer largo, pero ya había dirigido tres cortometrajes, por lo que sabía qué era ponerme al otro lado. Pero el trabajo ha sido muy intenso, ha requerido esfuerzo, pasión, trabajo y mucha dedicación. Y cuando te crees un proyecto y te importa lo que estás contando, las energías nunca se te acaban.

Hace poco conocimos tu periplo con Laia, la directora de arte, en el que fuisteis a una galería de arte y el dueño os preguntó dónde estaba el director de la película, ¿qué ocurre en este mundo que todavía nos sorprendemos de ver mujeres directoras?

Pues que no nos educan en igualdad. La educación todavía está muy estereotipada. Solo tienes que ver los libros de primaria, los cuentos infantiles o la publicidad. Tenemos que tomar responsabilidad y preocuparnos por romper esos estereotipos. Debemos preocuparnos desde algunos lugares de reflejar esa diversidad de personalidades, de formas de vivir. Creo que los estereotipos nos hacen daño a todas.

«Es hora de hablar de la mujer cirujana o la mujer abogada»

¿Faltan mujeres haciendo cine, faltan que se les den oportunidades o faltan mujeres siendo nominadas en festivales y premios?

Bueno, más que mi opinión, que siempre se puede malinterpretar o ver como algo sesgado, yo me voy a los datos. Somos lo suficientemente adultos e inteligentes para darnos cuenta de que los datos están ahí e indican que hay una desigualdad en muchos sectores, como el de la cultura, y es por ello que tenemos que conseguir visibilizar a la mujer desde más prismas y más maneras, no solo como el ama de casa o la mujer joven y atractiva. Es hora de hablar de la mujer cirujana o la mujer abogada. En muchos otros roles, los no estereotipados, las niñas tienen que tener referentes diversos y plurales.

¿Y cómo se puede conseguir transmitir esa visibilidad y esa igualdad a través del cine?

Bueno, lo esencial es no plantearse la creación de una historia como un proceso de aleccionar al espectador o que el espectador piense lo que tú quieres que piense. A mí me gusta que el público se haga preguntas y que las respuestas las encuentre cada una y cada uno. En mi película, aunque no es sobre este tema, yo planteo la pregunta de “¿qué es ser normal?”, una pregunta que yo me he hecho y, por tanto, pienso que más gente se la ha podido hacer. Creo que cuando te mojas y escribes o diriges sobre aquello que te preocupa o te conmueve, aquello que supone un motor real en tu vida, es cuando conectas con la gente.

El otro día hablaba con Juana Macías sobre vuestra generación de directoras que, a pesar de ser pocas, tiene una presencia relevante en el cine español. ¿Creéis que sois vosotras la que debéis luchar por la igualdad a través del cine?

Bueno, tú es que no eres de nuestra generación porque eres un jovenzuelo jajaja. Pero no, no creo que tengamos que ser nosotras las únicas encargadas de esto. Eso es como ponernos la responsabilidad de vivir en una sociedad machista. La oportunidad de luchar contra la desigualdad está en manos de todas y todos. Tanto las directoras como los directores podemos hacer personajes interesantes de los dos sexos y reflejar una sociedad diversa.

Sí, al final los hombres también deberíamos hacer por crear relatos feministas e igualitarios

Claro, es normal escribir sobre lo que uno conoce y que un hombre escriba un personaje protagonista que también sea un hombre, pero el tema está en qué tipo de personajes femeninos muestran esas películas. Tenemos que preocuparnos por todos ellos, no solo por los de un sexo u otro. Es una responsabilidad de toda la sociedad.

«Llevamos bastantes años reconectando con el público y haciendo películas para ellos y ellas»

¿Y cómo ves a la industria española del cine tú que estás ahí dentro?

Pues la veo resistiendo y avanzando, aunque todavía con algunas cositas pendientes que cambiar. Tenemos que seguir evolucionando, pero ahora tenemos cine de todo tipo, géneros distintos y es muy positivo que exista esa pluralidad. Ciertamente, llevamos bastantes años reconectando con el público y haciendo películas para ellos y ellas, pero no creo que tengan que ser todas de una manera, porque las personas son diversas y el cine que, finalmente, triunfa en taquilla no debería ser tan solo de un tipo.

¿Qué papel juega Internet aquí?

Ahora mismo es tierra de nadie y no tenemos unas leyes serias como se ha hecho en otros países, a los que nuestros políticos les encantan citar, como Francia, Inglaterra, Alemania o los países nórdicos, respecto a propiedad intelectual y regulación de la piratería. Parece ser un tema más impopular y no se acaban de mojar. Contaba en mi blog hace poco que la cultura es libre y tiene que estar al alcance de todo el mundo, pero también tiene que ser sostenible y para eso debe contar con unos tiempos. Si una película está en Filmin por 3€ y gratis en una web pirata, que se enriquece con contenidos que no son suyos y que no ha creado, es muy difícil competir contra ella.

Por eso hay legislar esto de una vez, cerrar esas webs y dar a la cultura el valor que tiene. Pero al final, la piratería hace más daño a la industria local. Quiero decir, las plataformas legales están pagando impuestos, altas en la seguridad social… Esto es importante, forma parte de la economía de todos. Entonces hay que mirar por el bien común. A este paso, las únicas que sobrevivirán serán las grandes productoras de Estados Unidos, porque tienen un gabinete legal y gente ocupada en revisar las webs piratas para vigilar en España y reclamar los derechos de cada película suya que se publica de forma ilegal. Pero nosotros no tenemos esos medios. Entonces, al final favoreces a las grandes compañías y te cargas la competencia local. Esto no es bueno para España, porque corremos el peligro de hacer desaparecer la cultural. Y la cultura es parte de nuestra identidad.

Y después del cine, los festivales, las plataformas digitales y los premios… ¿Cuál es el siguiente paso para Requisitos?

Bueno, lo primero es que la gente siga viéndola y después haremos dos cosas: iremos a una cárcel de Madrid para verla con los presos y comentarla, lo cual será una experiencia única para Manuel Burque y para mí; y, después, Requisitos se proyectará en un Ciclo de cine en valores en Valencia en el que alumnos de distintos institutos trabajarán con una profesora de Filosofía los temas y valores que trata la película para reflexionar sobre ello. Me hace bastante ilusión que los institutos, a partir de mi película, vayan a pensar sobre temas que les conciernen, sobre la vida, sobre quiénes son o si quieren aspirar a ser normales o ellos mismos.

Las películas tienen una vida muy larga y Requisitos este año tendrá una vida pedagógica dentro de los institutos o de las cárceles. Pero también es verdad que tengo que pasar página en algún momento y centrarme en los nuevos proyectos.

¿Cuál será esa nueva página con la que te encontrarás?

Pues ahora estoy en Bajo sospecha, tengo muchas ganas de hacer teatro y que alguna producción abra casting para participar y, sobre todo, voy a seguir escribiendo. En el cine no me veréis de momento, cuesta mucho sacar un proyecto adelante.

Las directoras españolas y los Goya

El próximo sábado 6 de Febrero se celebrará la 30ª Edición de los Premios Goya, que galardonan (teóricamente) a las mejores películas españoles del año. En esta edición, dos mujeres están nominadas en la categoría de mejor dirección, Isabel Coixet y Paula Ortiz, teniendo la segunda serias opciones en convertirse en la cuarta mujer que logra el premio, tras Pilar Miró, Icíar Bollaín y la propia Coixet. Aunque la presencia de mujeres en la categoría de mejor dirección sigue siendo lamentablemente reducida, no es menos cierto que los Goya han visibilizado la labor de mujeres al frente de las películas mucho más que otros premios. En las 88 ediciones de los Oscar y en las 69 de los BAFTA, sólo una mujer (Kathryn Bigelow por The Hurt Locker) ha sido galardonada como la mejor directora del año. En 40 ediciones de los César, también sólo han premiado a una mujer en esta categoría (Tonie Marshall por Vénus Beauté). La presencia en los Goya de este año de Paula Ortiz o Leticia Dolera nos demuestra que cada vez hay más mujeres directoras, pero que aún queda mucho camino por recorrer hasta superar las barreras de género en el cine. A continuación, echamos la vista atrás y observamos el camino recorrido, repasando las 14 nominaciones conseguidas por mujeres en la categoría de mejor dirección en los 30 años de Premios Goya.

wertherPilar Miró por Werther (1986)

Ya en la primera edición de los Goya una mujer fue nominada a mejor directora del año, el honor recayó en Pilar Miró, una de las cineastas españolas más relevantes de todos los tiempos. Werther, la cuarta película de la directora, es un drama romántico-existencialista que adapta libremente la novela homónima de Goethe. En la versión de Miró, un profesor de griego que vive en una ciudad del norte de España se enamora perdidamente de la madre de un alumno al que da clases particulares. La cineasta, ayudada en el guion por Mario Camus, se apropia de Goethe, extrapolando su infinita melancolía a su propio universo cinematográfico. Miró perdió el Goya frente a Fernando Fernán-Gómez, que había dirigido la maravillosa y también melancólica El viaje a ninguna parte.

esquilacheJosefina Molina por Esquilache (1989)

La segunda mujer en lograr ser nominada al Goya a la mejor dirección fue Josefina Molina. La directora venía de rodar para TVE una adaptación de El camino de Delibes y un biopic sobre Teresa de Jesús, cuando se hizo con las riendas de Esquilache. Este film es un drama histórico ambientado durante el conocido como Motín de Esquilache, que obligó a Carlos III a prescindir del Marqués de Esquilache (Fernando Fernán-Gómez), y a éste a huir a Nápoles. Esquilache se centra tanto en la vida personal del Marqués como en su carrera política, en sus reformas y en su compleja relación con el rey. Molina perdió el Goya frente a Fernando Trueba (El sueño del mono loco), sin embargo la Academia reconocería la relevancia de su trabajo otorgándole el Goya de Honor en los Goyas 2011.

beltenebrosPilar Miró por Beltenebros (1991)

Miró logró su segunda nominación al Goya a la mejor directora gracias a Beltenebros, su adaptación de la novela homónima de Antonio Muñoz Molina. Ambientada en el Madrid de la posguerra, sigue a un inglés (Terence Stamp) enviado a España para encontrar y asesinar a un topo infiltrado en la estructura del clandestino Partido Comunista. Beltenebros ofrece espionaje, prostitución, mentiras y podredumbre. Un noir atípico que encapsula un tiempo especialmente trágico de nuestra historia. Miró cayó derrotada frente a Vicente Aranda, que había dirigido Amantes, un drama plagado de intrigas y erotismo ambientado también durante el franquismo.

el perro del hortelanoPilar Miró por El perro del hortelano (1996) – Ganó

Que fuera Pilar Miró la primera mujer en ganar el Goya a la mejor directora del año fue un hecho consecuente con la propia historia de nuestro cine. Miró fue una de las figuras clave del audiovisual español post-franquista. Además de ser una directora provocativa y de vanguardia, con obras como la polémica (y censurada) El crimen de Cuenca o Gary Cooper que estás en los cielos, fue directora general de Cinematografía (1982-1985) y directora del Ente de Radiotelevisión Española (RTVE) (1986-1989) en los gobiernos de Felipe González. Pieza clave, por lo tanto, en la configuración del sector audiovisual en nuestro país. Tras sus dos derrotas previas en los Goya, Miró se llevaría el gato al agua con El perro del hortelano, una adaptación de la obra de Lope de Vega. En las antípodas de sus obras más oscuras, esta chispeante comedia de época destaca por su velocidad y mordacidad. La trama es sencilla: una mujer de clase alta pone en marcha diversas estratagemas para separar a su secretario de su prometida. El resultado es una especie de versión ligera y cómica de Las amistades peligrosas, cambiando a Glenn Close por Emma Suárez. El film logró 7 Goyas, aunque perdió en la categoría de mejor película frente a la Tesis de Alejandro Amenábar.

cuando vuelvas a mi ladoGracia Querejeta por Cuando vuelvas a mi lado (1999)

La primera nominación a mejor directora le llegó a Gracia Querejeta con su tercera película, Cuando vuelvas a mi lado, un drama familiar sobre tres hermanas que se reencuentran tras el fallecimiento de su madre. A partir de ahí, los fantasmas del pasado y los problemas del presente harán que se redescubran entre ellas. 1999 fue un año sensacional para el cine sobre mujeres. Junto a Cuando vuelvas a mi lado se estrenaron Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar y Solas de Benito Zambrano, las dos grandes triunfadoras de unos Goya de los que la película de Querejeta se fue de vacío, a pesar de sus 7 nominaciones.

mi vida sin miIsabel Coixet por Mi vida sin mí (2003)

La cuarta película de ficción de la directora catalana Isabel Coixet, supuso su confirmación como una de las grandes cineastas españolas de las últimas décadas. Mi vida sin mí nos cuenta los esfuerzos de una mujer con cáncer terminal (Sarah Polley), por preparar el futuro de las personas a las que ama, una vez que ella ya no esté para cuidarlas. Mi vida sin mí sigue siendo la gran película de su filmografía, culmen de su estilo narrativo y su gran éxito de público y crítica. Coixet consiguió el Goya al mejor guion adaptado pero perdió en la categoría de dirección frente a la cineasta de la que hablaremos a continuación.

te doy mis ojosIcíar Bollaín por Te doy mis ojos (2003) – Ganó

Los Goya 2003 (celebrados en el 2004), serán recordados como la primera vez que en la categoría de mejor dirección hubo paridad de género, enfrentándose dos mujeres (Bollaín y Coixet) contra dos hombres (Trueba y Gay). También como la confirmación definitiva de una excelente generación de cineastas nacidos durante el desarrollismo/tardofranquismo (a los cuatro anteriormente mentados hay que sumar a Álex de la Iglesia, Alberto Rodríguez, Alejandro Amenábar, Benito Zambrano, Enrique Urbizu, Fernando León de Aranoa o Achero Mañas). La gran triunfadora de aquellos Goya fue Te doy mis ojos, un terrible, lapidario y sobrio retrato de la violencia de género, dirigido y escrito con respeto, compromiso y delicadeza. Más de 10 años después aún sigue siendo la mejor obra cinematográfica sobre esta lacra social. El film logró 7 premios Goya, incluidos los 5 grandes: Película, Directora, Actriz (Laia Marull), Actor (Luis Tosar) y Guion original.

la vida secreta de las palabrasIsabel Coixet por La vida secreta de las palabras (2005) – Ganó

Tras caer derrotada dos años antes frente a Icíar Bollaín, Coixet regresó a los Goya por la puerta grande, con La vida secreta de las palabras, un retrato cautivador sobre el dolor que generan la pérdida y la soledad ambientado en un espacio tan reducido y complejo como una plataforma petrolífera. La película logró 4 Goyas, incluidos el de mejor película, mejor dirección y mejor guion original. La Academia reconoció la sensibilidad y el universo propio de una cineasta que no deja indiferente, en un año muy abierto.

siete mesas de billarGracia Querejeta por Siete mesas de billar francés (2007)

La 22ª edición de los Goya fue bastante atípica. En ella se enfrentaron dos vertientes del cine español diametralmente opuestas, por un lado la más comercial o industrial, representada por El orfanato de Juan Antonio Bayona, y por otro, la más independiente, autoral y radical, encarnada en La soledad de Jaime Rosales. Entre ambas, Las 13 rosas de Emilio Martínez-Lázaro y Siete mesas de billar francés de Gracia Querejeta. Mientras El orfanato se hacía con los premios técnicos, La soledad vencía, en una de las galas de los Goya más sorprendentes, en las tres categorías en las que estaba nominada: Película, Director y Actor revelación. El regreso de Querejeta al drama familiar y femenino, tendría que conformarse con los Goya a mejor actriz (Maribel Verdú) y actriz de reparto (Amparo Baró). Esa hija que regresa a visitar a su padre moribundo y tiene que lidiar con un negocio en quiebra y con la amante de su progenitor le valió a Verdú su primer Goya, después de una larguísima carrera y marcó el inicio de una de las colaboraciones más fructíferas de los últimos años en nuestro cine, entre Querejeta y Verdú, entre cineasta y musa.

mataharisIcíar Bollaín por Mataharis (2007)

Puesto que El orfanato era la ópera prima de Juan Antonio Bayona, la cuarta plaza en la categoría de mejor dirección la ocupó Icíar Bollaín, sumando su segunda nominación, tras la victoria que consiguió gracias a Te doy mis ojos. Su Mataharis es un drama cotidiano sobre mujeres que trabajan como detectives privados. Bollaín, una de las mejores y más sensibles narradoras de nuestro país, conjuga la esfera personal de sus protagonistas con la laboral, lo ordinario con lo extraordinario, hasta construir un maravilloso retrato de personajes. Como dijimos antes, el Goya a la mejor dirección del año lo consiguió Jaime Rosales.

tambien la lluviaIcíar Bollaín por También la lluvia (2010)

El cine español llegó a la 25 edición de los Goyas con la Academia sumida en una guerra civil, nada encubierta, entre su presidente, Álex de la Iglesia, y su vicepresidenta, Icíar Bollaín. Paradójicamente ambos habían dirigido las dos películas más relevantes del año, Balada triste de trompeta él, También la lluvia ella. Previamente, Balada triste había triunfado en el Festival de Venecia, y También la lluvia había logrado pasar el corte en la categoría de Película de Habla no Inglesa en los Oscar, aunque finalmente no había sido nominada. Esta historia de cine dentro de cine, narra el rodaje de una película sobre Cristóbal Colón en medio de la Guerra del Agua en la Bolivia de principios del Milenio. Bollaín dirigió un excelente film que es a la vez un retrato de la industria del cine y un drama de denuncia social. El enfrentamiento entre De la Iglesia y Bollaín facilitó la victoria de una tercera opción, la oscura visión de la posguerra de Agustí Villaronga en Pa Negre.

15 años y un diaGracia Querejeta por 15 años y un día (2013)

Querejeta es junto a Icíar Bollaín, la mujer que suma más nominaciones en esta categoría (3), aunque a diferencia de ésta sigue sin lograr la victoria. Su última nominación la logró gracias a 15 años y un día, un film a medio camino entre el drama familiar y el thriller, que representó a España en los Oscar, tras ganar la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga. La película narra la historia de un adolescente problemático que es enviado a vivir con su abuelo, un ex-policía para que lo ponga a raya. Estamos ante una obra menor de una cineasta relevante. Sus 7 nominaciones a los Goya visibilizaron el peso de la directora y de su apellido (Gracia es hija de Elías Querejeta, posiblemente el productor más importante de la historia de nuestro cine) en la industria (si es que ésta existe).

nadie quiere la nocheIsabel Coixet por Nadie quiere la noche (2015)

La gran sorpresa de las nominaciones a los Goya de este año la dio Nadie quiere la noche, la última película de Isabel Coixet, que tras inaugurar la Berlinale 2015, había caído en el olvido. Tras tener un estreno muy limitado en nuestros cines en el mes de diciembre, Nadie quiere la noche ha sido rescatada por la Academia gracias a sus 9 nominaciones, incluidas mejor película, dirección y actriz. El film de Coixet imagina una historia ficticia a partir de una serie de personajes reales, comandados por Josephine Peary, la mujer del primer hombre que (teóricamente) llegó al Polo Norte. Coixet encierra a dos mujeres, Peary y la amante inuit de su marido, en el invierno polar, para construir un retrato intimista de supervivencia. El principal hándicap de la obra es la incapacidad de conectar emocionalmente con su protagonista. Su principal virtud, que Coixet exprime los recursos con los que cuenta para filmar una obra austera pero hermosa.

la noviaPaula Ortiz por La Novia (2015)

19 años después de la primera victoria de una mujer en la categoría de mejor dirección, Paula Ortiz tiene serias opciones de hacerse con este Goya. Al igual que en la categoría de mejor película, Ortiz y La Novia tendrán como principal rival al cineasta catalán Cesc Gay y su Truman. La Novia adapta la obra teatral Bodas de sangre de Federico García Lorca, construyendo un micromundo de una belleza arrebatadora y una atmósfera inquietante. Una novia recién casada se debate entre lo que desea y lo que es correcto, entre dos hombres diametralmente opuestos, deshaciéndose ante nuestros ojos en su terrible lucha interna. Los dos principales puntales de La Novia son sus actrices y su acabado formal. El trabajo de Ortiz puede pecar de manierista en algún momento, pero desde luego está lleno de personalidad, valentía y buen gusto. La Novia es una película dolorosamente preciosa. Si Gay demuestra en Truman ser un narrador excelente, Ortiz se revela como una esteta de gusto exquisito. Tras su victoria en los Premios Feroz, Ortiz parte como favorita para hacerse con el Goya. Por el momento, su nominación, junto a la de Leticia Dolera en la categoría de dirección novel, sobre la que escribió mi compañero Germán de Heras, marca ya la entrada de una nueva generación de directoras, nacidas ya tras la muerte de Franco, a la primera división del cine español.

Nadie quiere la noche: Isabel Coixet contraataca

10 años después de su victoria en los Goya con La vida secreta de las palabras, Isabel Coixet ha vuelto por todo lo grande a los premios de la Academia. Queda atrás una etapa extraña de su carrera, en la que la cineasta emprendió nuevos caminos sin demasiado éxito. Para volver a ser ella misma tuvo que diluirse en sus películas. Aprendiendo a conducir, una dramedia de encargo se convirtió en un éxito, gracias a su calidez y encanto, recibiendo buenas críticas y el calor del público en el Festival de Toronto en 2014. Tras aquel film, inauguró la Berlinale 2015 con Nadie quiere la noche, una historia femenina ambientada en el Polo Norte, que recibió críticas dispares. El film no fue estrenado en España hasta el pasado noviembre, gozando de escasa distribución y recaudando poco dinero en la taquilla. Cuando la obra parecía condenada al olvido, llegaron las nominaciones a los Goya y el film de Coixet se coló en 9 categorías, incluidas mejor película, dirección y actriz protagonista.

Nadie quiere la noche relata el empeño de Josephine Peary (Juliette Binoche, una de las actrices más elegantes del cine actual) por acompañar a su marido, el villano invisible de esta historia, en el momento cumbre de su vida: ser el primer hombre en llegar al Polo Norte. Para ello pone en marcha una expedición que siga los pasos de la de su marido, dispuesta a esperar a éste en el campamento base más cercano al Polo. Obviamente nada sale cómo debería y lo que era una película de aventuras, se convierte en una obra intimista que encierra a dos mujeres, la propia Peary y una inuit interpretada por Rinko Kikuchi, acuciadas por los peligros de una noche infinita. Así, tras jugar con las normas del cine de aventuras, Coixet vuelve a ser Coixet, y la película se vuelve un drama femenino, al que le importan más sus personajes que su propia belleza. Gran parte del encanto de Nadie quiere la noche radica en ver cómo la esteta y la narradora se fusionan en medio de la inmensidad blanca, como la nieve, primero, y negra, como la noche, después.

1Sin título

La última película de Isabel Coixet es una obra hermosa, que aprovecha todos sus recursos y ofrece imágenes realmente bellas, aunque, en cierta forma, desesperadas. Una belleza inquietante y peligrosa. También acierta el film en su descripción de la relación que se establece entre las dos mujeres protagonistas. Quizás su principal hándicap es que resulta muy difícil empatizar con Josephine Peary, una mujer insensata y egoísta. Y si en una historia de supervivencia crees que  la protagonista no merece sobrevivir, definitivamente la historia tiene un problema. Aún así Nadie quiere la noche funciona, porque en cierta forma, la inuit trastoca el mundo de Peary haciéndola más humilde. Estamos, por lo tanto, ante la enésima obra que reflexiona sobre cómo los occidentales intervenimos en otros territorios del planeta desde la soberbia, la avaricia y la condescendencia y cómo las desgracias que ello desencadenan nos enseñan a mirar el mundo desde otra perspectiva. Es un mensaje mil veces pronunciado, pero que aún no hemos sido capaces de asimilar. Nadie quiere la noche no es la mejor película española del año, pero es una obra interesante y debemos darle las gracias a la Academia por rescatarla del olvido al que parecía condenada.

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